CARLOS ALBERTO ARROYO DEL RÍO (1893-1969)


PRESIDENCIA DE CARLOS ALBERTO ARROYO DEL RÍO Período Presidencial: 1de septiembre de 1940 a 28 de mayo de 1944. Primera Dama: Elena Yerovi Mateus. Vicepresidente: no había esta función. C. A. Arroyo del Río "NI UN DÍA MÁS NI UN DÍA MENOS" Así había declarado Carlos Alberto Arroyo del Río refiriéndose a que no pretendía perpetuarse en el Poder ni dejarlo antes pese a una feroz oposición. Su buen propósito le falló por tres meses y dos días. De habérsele cumplido, habría sido el primer presidente en 20 años que hubiera terminado el mandato completo.

LA LUMBRERA


Nació en Guayaquil el 27 de noviembre de 1893 y murió de un paro cardiaco a los 75 años de edad en su ciudad natal el 31 de octubre de 1969. Hijo de Manuel María Arroyo y Arroyo, político payanés exiliado en Ecuador y de la guayaquileña Aurora del Río que procedía también de una familia de Colombia con antecedentes políticos, Carlos Alberto Arroyo del Río vivió la niñez y adolescencia en la pobreza. Se distinguió siempre por la piedad filial y el amor a la familia. Se graduó de abogado antes de cumplir los 21 años de edad; a los 22 era diputado suplente por el Guayas y pudo haber trabajado como secretario particular del presidente Alfredo Baquerizo Moreno, oferta que declinó por acompañar a su madre, a los 25 empezó a regentar las cátedras de Derecho Civil y Sociología en la Universidad de Guayaquil, tarea en la que perseveró durante 22 años; a los 27 no aceptó el ministerio de Gobierno por falta de la edad requerida, pero regentó el gabinete jurídico privado de José Luis Tamayo mientras éste ejercía la presidencia de la República; a los 29 presidió el Concejo Cantonal de Guayaquil y representó a Guayas como diputado; a los 31 estuvo en el Senado; a los 33 en el decanato de la Facultad de Jurisprudencia y en la Junta Suprema del Partido Liberal; a los 39 rigió la universidad y terció brevemente como candidato a la presidencia. Llegado a los 40 de edad, era el líder indiscutido del liberalismo. Ocupó dos veces la presidencia del Congreso y desde ella capitaneó la oposición a Velasco Ibarra, reunificó el partido e inició el retorno al Poder. Vivía de su trabajo jurídico muy cotizado ya por las empresas extranjeras que invertían y producían en el Ecuador. A los 47 subió a la presidencia de la República, su monte Calvario. Bajó de ella crucificado. Se asiló en Bogotá, Colombia. "(Sus) bienes raíces, muebles y biblioteca fueron confiscados. Su recuerdo fue cubierto de escarnio. La Asamblea Constituyente (de 1945) y el Gobierno le privaron de los derechos de ciudadanía; le denostaron y hasta se llegó a pedir para él la pena de muerte", recuerda el historiador Jorge Salvador Lara. En su asilo colombiano (1944- 1946) escribió los dos volúmenes de "Bajo el imperio del odio" en defensa de su gestión presidencial, y algunas entregas de "En plena vorágine" contra Velasco Ibarra. En 1947 vivió de su trabajo de ahogado en Nueva York. Regresó a Guayaquil en 1948, donde, especialmente a partir de 1959 en que dio forma a la Autoridad Portuaria de Guayaquil, "ejerció tremenda influencia ... sobre personajes y capitales que aconsejaba y dirigía como amigo y abogado", dice Rodolfo Pérez Pimentel en su "Diccionario Biográfico del Ecuador".


EL FUEGO

"A quien los dioses quieren arruinar, lo enloquecen", dice un aforismo clásico. Los dioses decretaron arruinar a Arroyo del Río y lo enloquecieron con el fraude, con el encierro en la elecciones. ¿Fraude real o fraude imaginado? No importaba. Muchos ecuatorianos se fueron convenciendo de que hubo fraude y de que el gobierno arroyista era ilegítimo. Esta sospecha se extendió también al Congreso. El Gobierno nació impopular pese a que intentó consolidarse buscando un entendimiento con la derecha: el propio nuncio apostólico presionó para que los conservadores "se sacrificaran" colaborando en los ministerios. Julio Tobar Donoso, ideólogo de prestigio y católico leal, aceptó la Cancillería. Orador muy afamado, Arroyo no lograba conectarse con el pueblo. Su palabra lírica, aristocrática y pamasiana, su talante severo, su distancia interior fueron una barrera insalvable. No escuchaba."M primer deber es el mantenimiento del orden en la República. La era de la orgía política ha terminado en el Ecuador", dijo en su mensaje de asunción del Mando. Y para defender el orden reforzó la Policía. El cuerpo de Carabineros recibió más atención que las Fuerzas Armadas. Gobernó los primeros meses en relativa calma; pero ya el 12 de enero de 1941 sufrió el repudio popular en el Estadio de "El Arbolito", en la capital. El pueblo pidió a Arroyo la libertad de los aviadores velasquistas presos en el Panóptico por la su-blevación del 11 de enero de 1940 en la Base Simón Bolívar. El presidente respondió al pedido con "una frase poco elegante" -eufemismo de Andrés F. Córdova en sus Memorias- que fue escuchada por todos. Y tuvo que huir de la quema para salvar la vida. Arroyo había gobernado apenas 11 meses cuando el cinco de julio de 1941 las tropas peruanas invadieron el territorio ecuatoriano. Perú ni siquiera había declarado la guerra. El Congreso ecuatoriano concedió al presidente 'facultades omnímodas'. Arroyo las ejerció a cabalidad para mantener el orden interno hasta que fue derrocado por la cólera del pueblo el 28 de mayo de 1944.


EL INCENDIO

En 1910 el presidente Eloy Alfaro había impedido que Perú invadiera territorio ecuatoriano y le impusiera su propia tesis. En 1916 con la cesión de 180.000 kilómetros cuadrados que consideraba suyos entre los ríos Caquetá, Putumayo y Napo, Ecuador arregló los límites con Colombia. Y desde 1924 la cancillería ecuatoriana venía gestionando nuevamente la negociación con Perú sobre el asunto territorial. Perú y Ecuador habían suscrito un acta en Lima el seis de julio de 1936: mantenían el "statu quo" de sus posesiones territoriales hasta que terminaran las negociaciones que se llevaban a cabo en Wáshington. Esto no significaba reconocimiento por una de las partes del derecho de la otra a los territorios poseídos. Para 1936 Ecuador carecía ya de presencia en las desembocaduras de los principales afluentes en el Marañón, pues sus guarniciones estaban en las partes altas de esos ríos. Perú se había apresurado a comunicar a los países de América no sus puntos de ocupación sino lo que él suponía que eran los del Ecuador. Según la comunicación peruana, no existía "punto alguno de posesión ecuatoriana en las márgenes de los ríos Marañón o Amazonas". Entre 1937 y 1940 se intentaron varias fórmulas de arreglo, incluida la media-ción de Argentina, Brasil y Estados Unidos, pero no se llegó a nada. Desde 1938 Perú preparaba la invasión a Ecuador. En la frontera norte construyó carreteras, instaló redes telegráficas y telefónicas y creó guarniciones militares frente a las escasas guarniciones del Ecuador. Entre abril y mayo de 1941 movilizó un gran número de soldados hacia ese sector. Alarmados los tres gobiernos mediadores, sugirieron la necesidad de una conferencia. Ecuador aceptó. Perú dio evasivas y atacó el cinco de julio. Según el ex canciller ecuatoriano Luis Valencia, Perú atacó con 18.000 mil soldados, incluidas dotaciones de aire, mar y tierra provistas de modernos equipos bélicos. Ecuador se defendió con 1.100 combatientes mal equipados, dos unidades navales menores y ningún avión. El nueve de julio los mediadores sugirieron el retiro de las tropas a 15 kilómetros de la línea del "statu quo". Los contendientes aceptaron la propuesta, pero el 22 de julio Perú declaró terminada la asistencia internacional y el 23 atacó los desguarnecidos puestos militares ecuatorianos en la zona Zarumilla-Cazaderos. El 26, ocupadas todas las guarniciones ecuatorianas, se convino un alto el fuego. El 27 Perú atacó de nuevo. El 29 la aviación peruana bombardeó las ciudades de la provincia de El Oro y arrojó hojas volantes subversivas en Guayaquil. Perú exigió que Ecuador derogase un decreto de llamamiento a cuatro contingentes de reservas. Ecuador aceptó. Entonces Perú ocupó sin ninguna resistencia importante las principales ciudades de El Oro, incluida Machala, la capital. Las tropas peruanas obraron con brutalidad contra la población civil que se refugió en Guayaquil y en el interior. El 31 de julio hubo un nuevo acuerdo sobre cesación de hostilidades. Perú lo ignoró y a lo largo de agosto hasta el siete de septiembre de 1941 se apoderó de 40.000 kilómetros de la región oriental. Pasada esa fecha continuó con operaciones de reconocimiento y patrullaje. Mientras se produjo la invasión en ningún momento se suspendieron las relaciones diplomáticas entre el Ecuador y el Perú. El 2 de octubre se firmó el Acta de Talara que estableció una zona neutral. El 20 de noviembre Chile se incorporó a los tres países mediadores. El 7 de diciembre Japón atacó Pearl Harbor, Hawai, territorio integrado a los Estados Unidos y base naval clave. Estalló la guerra con Japón. Alemania e Italia, aliados de Japón, declaaron la guerra a los Estados Unidos. A petición precipitada de Chile se convocó la Tercera Reunión de Consulta de los Ministros de Relaciones Exteriores americanos en Río de Janeiro entre el 15 y el 28 de enero de 1942. La agenda de esa reunión era la defensa conúnental. El Caso del Ecuador agredido y ocupado apenas si era una molestia que había que arreglar en aras de esa unidad.

LA CATÁSTROFE

En Río de Janeiro los países mediadores presionaron por un arreglo definitivo. Quienes más insistieron, incluso con rudeza, fueron los representantes de Brasil y Estados Unidos. Según escribe Rafael Arízaga Vega, "el canciller de Colombia, Gabriel Turbay, -enemigo encubierto y gratuito del Ecuador- en la forma más infame y cobarde suprimió la última sesión plenaria para evitar la intervención del representante ecuatoriano y servir así a los intereses del Perú". El canciller ecuatoriano Julio Tobar Donoso obtuvo varias modificaciones en el sector occidental de la frontera para ajustarla a la línea del "statu quo" de 1936. Logró que el Perú le dejase 2.481 kilómetros cuadrados entre la boca del Aguarico y el trapecio de Sucumbíos. El 29 de enero de 1942 Tobar Donoso firmó el Protocolo, suscrito por los cancilleres de Argentina, Brasil, Chile y Estados Unidos, en calidad de garantes de ese instrumento. Ecuador perdió 278.000 kilómetros cuadrados de un territorio que había reclamado a lo largo de su historia. El canciller ecuatoriano no pronunció siquiera un discurso de protesta. Según el propio Tobar Donoso, él firmó el Protocolo porque había peligro de que desapareciera la mediación, único modo de compensar la invalidez militar del Ecuador. Y también porque existía el serio peligro de que Perú ocupara Guayaquil y con ello desapareciera la nacionalidad ecuatoriana. Y, además, porque para equipararse al Perú y expulsar al invasor, Ecuador hubiera debido armar un Ejército de 14 mil soldados, lo que habría exigido 350 millones de sucres, sin contar con el costo del armamento, inasequible entonces por la guerra mundial y la unidad del Continente impuesta por los Estados Unidos. El Senado ecuatoriano aprobó el Protocolo el 23 de febrero; la Cámara de Diputados, el 26, y Arroyo del Río lo ratificó el 28 de febrero de 1942 dentro del plazo estipulado en el documento. Salvaron el honor ecuatoriano la victoria del viejo patrullero "Calderón" -construido en 1872- sobre el destructor peruano "Almirante Villar" y la resistencia de los soldados durante 25 días. Unos soldados mal equipados, hambreados y peor comunicados. Pero los carabineros se negaban en Guayaquil a marchar a la frontera y ya en ella se sublevaron en la línea de combate el 25 de junio de 1941. La responsabilidad de la mutilación territorial no radica ni en la real perfidia peruana ni en el real oportunismo colombiano ni en el real imperialismo de los Estados Unidos. La causa del desastre recae en parte sobre el presidente que no supo oír a tiempo los informes del comandante superior del Ejército, coronel Francisco Urrutia Suárez, y sobre los partidos liberal y conservador que entonces gobernaban. Pero el grueso de la culpa recae exclusivamente sobre los ecuatorianos y en particular sobre su clase dirigente a lo largo de la historia. Clase dedicada al canibalismo político desde los comienzos de la República, dividida por un feroz regionalismo, confiada por una suerte de ociosidad idealista en la utopía del derecho, incapaz de diseñar una política internacional coherente y continuada, descuidada de poblar y desarrollar los territorios que decía pertenecer al Ecuador según el "uti possidetis iuris" de 1810 y las cédulas reales de la erección y delimitación de la antigua Real Audiencia de Quito, contenta de ser servida por un pueblo mal educado y unido solamente en momentos de catástrofes naturales o fronterizas, atizadora de unas Fuerzas Armadas demasiado prontas a intervenir en la política y varias veces obsecuentes servidoras de la oligarquía: esta clase no hizo del Ecuador una nación sólida y capaz de defenderse con éxito ni en la diplomacia ni en los campos de batalla.


EL FINAL

Arroyo del Río estaba obligado a renunciar y no lo hizo. Más bien reprimió el descontento del pueblo a fin de terminar el mandato. Ni un día más ni un día menos. En noviembre de 1942 aceptó un viaje, a los Estados Unidos, México, Cuba, Venezuela y Colombia en el que lució su oratoria y del que regresó con el nimbo de apóstol del panamericanismo. El pueblo se indignó con esta instrumentación de la tragedia y con la cesión de bases militares a los Estados Unidos en la península de Santa Elena y las Galápagos ocasionada por el rompimiento de relaciones diplomáticas con las potencias del Eje. El 28 de mayo de 1942 el mayor Leonidas Plaza Lasso y el político Luis Felipe Borja del Alcázar encabezaron la toma del Palacio de Gobierno para deponer al presidente. Pero el intento fracasó. En ese año se formó Acción Democrática Ecuatoriana (ADE), una coalición opositora constituida por conservadores, comunistas, liberales independientes y socialistas, y por los movimientos Vanguardia Revolu-cionaria Socialista y Frente Democrático. También nació el movimiento CONDOR (Compañías Organizadas Nacionales de Ofensivas Revolucionarias), que se trans-formaría en el Partido Político Acción Nacionalista Revolucionaria Ecuatoriana (ARNE), de inspiración de cruzada franquista. En 1943 Arroyo convocó a elecciones generales. El Partido Liberal candidatizó a Miguel Ángel Albornoz, presidente del Congreso, y ADE a Velasco Ibarra. Rondaba de nuevo el fantasma del fraude. La situación económica se volvía crítica para quienes vivían de entradas fijas. Favorecidas por la demanda de la guerra mundial, las exportaciones pasaron de 10 a 23 millones de dólares entre 1942 y 1943, mientras los precios del consumo interno se habían duplicado entre 1940 y 1944 y los salarios habían permanecido prácticamente estancados. "Pero hay que reconocer", anota Alfredo Pareja Diezcanseco, "que, aparte de sus errores políticos, el presidente fue eficaz en el manejo de los problemas económicos. Por lo menos, acogió las sugestiones del Banco Central y tomó medidas adecuadas cuando ... se acumularon cuantiosas reservas de dólares que obraban sobre la expansión inflacionario de la moneda". Arroyo del Río impulsó la producción, creó el Banco Nacional de Fomento en 1943, empujó la vialidad entre Cuenca y Loja y Baños y El Puyo, fundó la Universidad de Loja y el colegio Juan Pío Montúfar en Quito, proveyó de fondos a la inconclusa catedral nueva de Cuenca y fundó en noviembre de 1943 el Instituto Cultural Ecuatoriano, que empezó a publicar la "Colección de Clásicos Ecuatorianos". Pero la cultura popular era en esos días de agitación revolucionaria. Proliferaban las manifestaciones antigubernamentales malamente reprimidas por el cuerpo de Carabineros. Impedido por Arroyo del Río de ingresar al Ecuador para la campaña, Velasco Ibarra se trasladó de Chile a Pasto, Colombia, donde lo visitaban delegaciones de todo el Ecuador. La movilización era general. Había entusiasmo entre los estudiantes y los obreros. Faltaban pocos días para las elecciones, que se temían fraudulentas, cuando estalló la sublevación del pueblo en Guayaquil el 28 de mayo de 1944.


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