DIEGO NOBOA ARTEAGA ( 1789 - 1870)
"El movimiento de 1851 contra Noboa fue la derrota del civilismo y la negación de los fundamentos del Seis de Marzo". (Julio Tobar Donoso)
PRESIDENCIA DE DIEGO NOBOA Y ARTETA Jefe Supremo de Guayaquil: 2 de marzo a 7 de diciembre de 1850. Presidente Interino: 8 de diciembre de 1850 a 25 de febrero de 1851. Período Presidencial: 26 de febrero a 12 de septiembre de 1851. Primera Dama: Josefa Carbo Noboa. Vicepresidente: el cargo fue abolido en la Constitución de 1851.

Diego Noboa
UN HOMBRE JUSTO

Diego Noboa fue "un hombre justo, que tuvo la sencillez de la paloma sin poseer la malicia de la serpiente. Cometió la grave falta de desconocer su incompetencia y dejarse tentar por el mando -prestando su nombre para que sirviera de pantalla al astuto". Así lo juzga Jacinto Jijón y Caamaño, ideólogo del Partido Conservador.

Noboa nació en Guayaquil en 1789, "un día que Dios estuvo enfermo, grave". Su padre, Ignacio Noboa, era coronel de infantería de Milicias. Ana de Arteta, su madre, tenía vínculos de sangre con familias quiteñas que idolatrarían a Flores. Intervino con tal fervor en la revolución del Nueve de Octubre de 1820 que le comisionaron para organizar la Junta de Gobierno en Manabí Obtuvo la administración de Renta de Tabacos, pasó a la de Alcabalas y llegó a contador Mayor del Departamento del Guayas en la Gran Colombia. Cuando fungió de comisario de Guerra y Marina en 1824, envió tropas para sellar la independencia de Perú y fue condecorado por el Congreso de ese país. Sirvió a la República como senador en varias legislaturas y en la de 1839 presidió el Senado. Integró el Gobierno Pro- visorio constituido a raíz de la Revolución Marcista. Quiso entrar por la puerta a la presidencia de la República en 1849, pero no consiguió los votos necesarios. Le cupo entrar por la ventana. Con su nombramiento de jefe supremo del Guayas, en marzo de 1850, se trizó el espejo de la unidad nacional marcista. De nuevo había dos naciones, dos gobiernos contrapuestos. Noboa y Ascásubi buscaron un arreglo pacífico que no cuajó. Entre sobresaltos guerreros las provincias se iban pronunciando por Noboa.

Quito lo hizo el 10 de junio. "Las sagradas leyes de la moral son igualmente severas con todos los partidos políticos, y cualquiera que sea aquél que para derrocar una autoridad legítima apelare a las peligrosas vías de hecho, merecerá siempre la justa reprobación del hombre de bien", sentenció Ascásubi al dejar el poder. Su retiro parecía abrir el camino de la paz, pero no fue así. Azuay, Loja y Manabí se adhirieron al pronunciamiento de Guayaquil el 14 de junio, pero dieron el mando al general Elizalde. Otra vez se enfrentaban dos autoridades supremas. Primó, empero, el sentido común y ambos jefes de Gobierno se comprometieron a convocar una Convención para el 8 de diciembre en Quito ("Convenio de La Florida", a orillas del Daule). La Convención eligió a Noboa presidente interino por 23 votos contra dos de Elizalde y promulgó la quinta Carta Política, inspirada en un proyecto escrito por Pedro Carbo, sobrino de Noboa. De esa Carta dijo Urvina que "era un compendio incoherente de todas las constituciones que han podido traerse a la mano". Sancionada la Constitución, Noboa fue ratificado en su cargo el 26 de febrero de 1851. Noboa desterró a los roquistas, entre ellos al ex presidente Roca y al general Elizalde. Suprimió del escalafón a 163 militares, expulsó del Ejército a los elizaldistas y los reemplazó con militares floreanos caídos en desgracia. Tras "la cruz" del devoto Noboa estaba el "diablo" de Urvina ocultando su cola serpentina, aparentando neutralidad, preparando su ascenso al poder, difundiendo rumores de que Noboa iba a resucitar el floreanismo. En efecto, Flores acababa de llegar a Lima. El presidente peruano general José Rufino Echenique le había otorgado una pensión de subsistencia y lo apoyaba en los proyectos de invadir Ecuador. Echenique temía "el rojismo anticlerical" de Nueva Granada y de Urvina. Los temores de Echenique se confirmaron cuando el presidente colombiano José Hilario López expulsó de la Nueva Granada a los miembros de la Compañía de Jesús (jesuitas). García Moreno, que había hablado en Panamá con algunos de los desterrados, los persuadió de que serían bien recibidos en Ecuador. El pueblo y la aristocracia se alegraron con la llegada de los padres; pero no algunos clérigos y políticos, entre éstos Urvina. Los unos recordaban admirados la obra educativa de los jesuitas en la Colonia y las famosas misiones del Marañón. Los otros traían a la memoria la avidez de los jesuitas que los había convertido en los más grandes latifundistas de la Real Audiencia de Quito, razón por la que temían que los compañeros de Jesús se constituyeran en el soporte ideológico del conservadorismo. Noboa solicitó a la Convención que autorizara la admisión de los jesuitas. Y así se hizo. Regresaban al país a los 84 años de haber sido expulsados de la Audiencia por el liberal e ilustrado Carlos III de España. El presidente López temía que los jesuitas admitidos en Ecuador apoyaran a los conservadores colombianos que conspiraban contra su gobierno. Al saber que Noboa había ayudado a dos de esos conspiradores en Pasto y admitido a los jesuitas desterrados, obtuvo el 16 de mayo de 1851 autorización del Congreso Neogranadino para declarar la guerra a Ecuador. Noboa envió una circular a las cancillerias de Perú, Bolivia y Chile para formar un frente común contra López. En junio de 1851 el Congreso le otorgó las extraordinarias so pretexto de la amenaza de guerra. Urvina vio que la fruta estaba por caer: aduciendo que Noboa había comprometido la integridad nacional, se proclamó, apoyado por la guarnición de Guayaquil, jefe supremo de la República el 19 de julio de 1851. Noboa terminó su mandato ingenuamente. Viajaba a Guayaquil y no alcanzó a llegar a la ciudad. Lo apresaron en el barquito en que habla zarpado de Babahoyo y lo llevaron sin más complicaciones a un buque norteamericano que lo depositó en Callao. Cuatro años después regresó del destierro, pero nunca más volvió a la política. Murió el 3 de noviembre de 1870 a los 81 años de edad.



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