FABIÁN ALARCÓN RIVERA (1947)
"Interpretando este mandato, y a pesar de que mi administración fue de transición, actué pensando en el futuro y en corregir los desequilibrios macroeconómicos y recuperar la economía, teniendo siempre presente la acción social dirigida a los sectores más deprimidos" (Carta del Presidente, 1998) PRESIDENCIA DE FABIÁN ALARCÓN RIVERA Período presidencial: 11de febrero de 1997 a 10 de agosto de 1998. Primera dama: Lucía Peña Ochoa. Vicepresidente: Rosalía Arteaga Serrano: 10 de agosto de 1996 a 2 de abril de 1998. Pedro Aguayo Cubillo: 2 de abril a 10 de agosto de 1998. Fabián Alarcón Rivera Abdalá Bucaram hizo el milagro de unir a la mayoría de los ecuatorianos para que le echaran del poder. La huelga nacional convocada por los trabajadores para el cinco de febrero fue apoyada por los partidos políticos de la oposición, por los empresarios y por los movimientos sociales y ciudadanos.

LA CONSPIRACIÓN


Según el analista Santiago Ortiz Crespo, la caída de Bucaram y el levantamiento ciudadano se enmarcaron en la crisis de la institucionalidad democrática puesta de manifiesto por el estilo personalista del presidente; en la pugna entre los grupos monopólicos deseosos de medrar con la privatización de los bienes del Estado; en la fatiga de 15 años de ajustes económicos ineficaces; en el desprecio a la ley que trajo consigo la propuesta neoliberal; en la presencia inorgánica y diversa de los movimientos sociales que no se sentían representados en una institucionalidad caduca; y en la agonía del Estado petrolero paternalista y clientelar. Los ex presidentes Osvaldo Hurtado y Rodrigo Borja y el tres veces candidato presidencial Jaime Nebot se reunieron el 3 de febrero en la Federación de Trabajadores Petroleros para pedir abiertamente que "se impulsara una reforma política que será la labor de un gobierno constitucional de transición concertado y que el Congreso se convocara extraordinariamente el cinco de febrero". En Quito, el alcalde Jamil Mahuad aglutinó los movimientos sociales para deponer al presidente. En Cuenca, el alcalde Fernando Cordero y el arzobispo Alberto Luna canalizaron la violenta oposición de la ciudad contra el presidente de la República. La mayoría de los ciudadanos estaba porque Bucaram se fuera.
La vicepresidenta Rosalía Arteaga reclamó la sucesión el 5 de febrero a las siete de la mañana. Según la tradición constitucional instaurada en 1989, ella debía reemplazar a Bucaram. Había, sin embargo, una triple dificultad: era persona non grata para los partidos de la oposición que la veían corresponsable del triunfo de Bucaram sobre Nebot y la habían visto complaciente, o al menos indiferente, con la conducta del mandatario; era un obstáculo para un nuevo gobierno de concertación; era una sucesora por sentido común pero no por mandato constitucional ya que en la Carta Política codificada alguien había olvidado incluir el texto de la sucesión vicepresidencial. La embajada de los Estados Unidos defendía esta sucesión tanto porque se guardasen las formas de la democracia como porque el embajador Leslie Alexander apreciaba a la vicepresidenta. Las Fuerzas Armadas garantizaban el orden de la Constitución. Fabián AlarcónRivera convocó un Congreso Extraordinario en la tarde del 5 de febrero a fin de deponer al presidente. Para reemplazarlo, se barajaban los nombres del presidente del Congreso y del presidente de la Corte Suprema, segundo y tercero en la línea de la sucesión presidencial. Las causas constitucionales para deponer al presidente eran traición a la patria, cohecho y grave atentado contra el honor nacional, sentenciadas en juicio político votado por una mayoría de los dos tercios del Congreso. El presidente no había incurrido en esos delitos ni el Congreso, en caso de atribuírselos, habría logrado la mayoría requerida. Quedaba el artículo 100 de la Constitución: la incapacidad física o mental, que ni siquiera estaba reglamentado. El 6 de febrero, el Congreso arguyó con el artículo 100, destituyó por mayoría simple a Bucaram y eligió presidente a Fabián Alarcón Rivera. Bucaram rechazó el nombramiento de Alarcón. Ese mismo día, la vicepresidenta Arteaga se proclamaba presidenta. Así pues, el 7 de febrero, el país amaneció con tres presidentes. Las Fuerzas Armadas, luego de consultar a los distritos militares, retiraron su apoyo al presidente Bucaram y le dieron la alternativa de renunciar o de encargar el poder. Bucaram optó por encargar el poder a la vicepresidenta, pero ésta exigió que el encargo no fuera temporal, sino definitivo. Bucaram no aceptó esta condición. En la noche de ese día Bucaram voló a Guayaquil y puso su cuartel general en la Gobernación; pero los acontecimientos de los días posteriores le obligaron a huir a Panamá el 11 de febrero. El 8, la vicepresidenta, Alarcón, los jefes de los bloques parlamentarios y el Comando Conjunto de las Fuerzas Armadas llegaron a un acuerdo: destitución de Bucaram, invalidez de la elección de Alarcón, revocatoria del acuerdo de proclamación de Arteaga como presidenta, encargo de la presidencia interina durante tres días a Arteaga, confección de una norma aclaratoria a la Carta Política sobre elección presidencial en caso de ausencia definitiva del presidente. Posesionada de la presidencia y para quedarse más tiempo con el poder, Arteaga adujo que sus funciones durarían hasta cuando el Congreso estuviese facultado para elegir presidente, lo que implicaba una reforma constitucional con aprobación de los dos tercios de los diputados. Sin embargo, el 11 de febrero, 57 diputados eligieron a Alarcón presidente interino hasta el 10 de agosto de 1998. Arteaga cedió.
Durante estos días, pero principalmente el 5, 6 y 7 de febrero, el pueblo congregado en el centro de Quito, en la avenida de los Shirys y en las inmediaciones del Congreso exigía que éste depusiera a Bucaram. Así, el Congreso podía aducir que no había hecho sino obedecer la voluntad popular. Las Fuerzas Armadas obraron con tino, mediaron y hallaron un curso aceptable para defender la esencia de la Constitución. Este levantamiento popular calificado como "la revolución de las conciencias" mostró cuánto habían madurado las organizaciones sociales, despertó anhelos de cambios más radicales, fortaleció la participación popular, debilitó la institucionalidad democrática formal y se vino abajo al soplo de las componendas políticas tradicionales. En este río revuelto, pescó el poder uno de los políticos más hábiles de la década. EL DOCTOR ALARCÓN RIVERA Los padres de Fabián Alarcón fueron el doctor Fabián Alarcón Falconí y la señora María Antonieta Rivera Larrea, riobambeños. Alarcón Falconí, abogado y jurisconsulto, militó en el Partido Conservador Ecuatoriano que lo candidatizó para la presidencia de la República en la campaña de 1952. Alarcón Falconí obtuvo 118.397 votos y perdió las elecciones frente a José María Velasco Ibarra que logró 153.945 votos. Los otros candidatos fueron José Ricardo Chiriboga con 67.366 y José Modesto Larrea Jijón con 18.248 sufragios. Luego de esta derrota, Alarcón Falconí sirvió a Ecuador como diplomático.
Fabián Alarcón Rivera nació en Quito el 14 de abril de 1947 y quedó huérfano de madre a los dos años de edad. Su padre contrajo segundas nupcias con la española Consuelo Albizu Alba cuando él fungía de embajador en Madrid. Fabián Alarcón tenía ocho años de edad y halló en la esposa de su padre una segunda madre que cuidó de los estudios del niño huérfano. Albizu se convertiría en confidente, amiga, consejera y sostén político de Fabián Alarcón Rivera. Éste cursó los estudios primarios y secundarios en España, México y Colombia, países donde su padre fue embajador, y se graduó de bachiller con los jesuitas en el Colegio San Gabriel, de Quito. Estudió jurisprudencia y a los 26 de edad se doctoró en la Pontificia Universidad Católica del Ecuador. Fue presidente de la Asociación Escuela de Derecho y miembro del Partido Patriótico Popular fundado por su padre. Elegido concejal del Municipio de Quito en la época del popular alcalde Sixto Durán-Ballén, integró la Comisión de Reestructuración Jurídica del Estado que redactó el proyecto de nueva Constitución aprobada en el referéndum de 1978 durante el proceso de retorno a la vida democrática, impulsado por el Consejo Supremo de Gobierno (dictadura militar de 1976 a 1979). Ganó las elecciones de prefecto provincial de Pichincha para 1984 - 1988 y fue escogido presidente del Consorcio de Consejos Provinciales en 1984. El PPP se había fusionado con el Partido Demócrata que se extinguió en 1988. Algunos de sus antiguos miembros se unieron al Frente Radical Alfarista. Como militante de este partido, Alarcón Rivera fue elegido diputado en 1990 y luego varias veces más ya como diputado provincial, ya como nacional. Fue presidente del Congreso en los períodos de 1991-1992, 1995-1996 y 1996-1997. Cuando ocupaba esta última presidencia, el Congreso Nacional, tras destituir a Abdalá Bucaram, lo eligió presidente constitucional interino de la República En el ejercicio de su profesión de abogado y jurisconsulto, Alarcón Rivera representó a Ecuador en los Congresos Interamericanos de Abogados en Brasil, Puerto Rico y Quito y se integró a la Federación Interamericana de Abogados como miembro mayor. Contrajo matrimonio en 1976 con la señora Lucía Peña Ochoa, oriunda de Cuenca, y formó un hogar de tres hijos: Fabián Ruperto, Pablo Andrés e Isabel Lucía.
Durante la presidencia interina la diputada del FRA y luego de Izquierda Democrática economista Cecilia Calderón lo acusó de haber fomentado la sinecura ("piponazgo") mientras Alarcón ejercía la presidencia del Congreso. La acusadora llevó este cargo a la Comisión Anticorrupción creada por el propio presidente constitucional interino. El presidente de la Corte Suprema, Héctor Romero Parducci, ordenó la prisión preventiva de Alarcón en marzo de 1999. Orden ilegal, pues la Contraloría de la Nación en su informe definitivo había absuelto al ex presidente del Congreso: por tanto, no había lugar para un juicio, mucho menos para la prisión preventiva. Según la Comisión Anticorrupción, el informe final de Contraloría había sido amañado a favor de Alarcón por la propia entidad de control. Alarcón salió de la cárcel en diciembre de 1999, pero el juicio en su contra siguió el cauce normal. Fue sobreseído el ....? Este hecho arroja luz sobre la personalidad de Alarcón. Político muy hábil: prefería el diálogo para solucionar los conflictos, cubría todas las salidas, tenía siempre la ley a su favor. ¿Cómo lograba esto? Aguardando hasta que las circunstancia lo pusiesen a él o a su partido en capacidad de dirimencia, cultivando amistades y lealtades, hablando lo preciso y con cautela, y, según sus detractores, comprando favores, sacrificando la sustancia a la forma, permitiendo la corrupción. Sin embargo, estas acusaciones no han sido comprobadas hasta ahora mediante sentencias judiciales. La habilidad política de Alarcón iba en momentos extremos acompañada de una gran fortaleza como se vio en la destitución de Bucaram, en su mando sobre las Fuerzas Armadas y en su trato con el alcalde de Guayaquil, León Febres-Cordero.


EL INTERINAZGO

En el primer lustro de la década de 1930 y en el segundo del decenio de 1960, los interinazgos habían sido salidas forzadas por la inestabilidad política. Era la primera vez que se acudía a esta salida en los años de la democracia restaurada. Y se acudía a ella en medio de circunstancias difíciles como la ilusión de un cambio rápido de la política económica neoliberal a una política económica socialista. Si el pueblo unido pudo revocar el mandato presidencial, el pueblo unido podía exigir un cambio de rumbo económico: en esto consistió la ilusión. Además, este cambio debía hacerse en un interinazgo de menos de un año y medio de duración, con un presidente sin mayoría en el Congreso, con diputados movidos por miras electorales, algunos de los cuales no estaban ciento por ciento convencidos de la constitucionalidad de sus propios actos al haber depuesto a un presidente legítimo y al haber elegido a uno que no estaba en la línea inmediata de la sucesión presidencial. El nuevo presidente se veía crucificado entre un Congreso acreedor y un pueblo que no debía ser traicionado. El hecho de que Alarcón hubiera podido terminar su mandato pese a estas circunstancias demostró la habilidad del presidente para caminar sobre la cuerda floja de una situación tan compleja. Y ése fue el mayor mérito de su gestión.

Según informes del gobierno, Alarcón recibió un Ecuador en crisis con un déficit fiscal del sector público (proyectado) de 1.400 millones de dólares, equivalente a un siete por ciento del producto interno bruto; con una caja fiscal vacía, con sueldos públicos atrasados, con deudas a los gobiernos seccionales, con un retraso de casi 300 millones de dólares en el pago de la deuda externa y una inflación acumulada en enero y febrero de algo más de 10 puntos. La reserva monetaria internacional, entre enero y febrero de 1997, había descendido de 1.966 millones de dólares a 1.781; las tasas de interés eran muy altas, especulativas e inestables ; el endeudamiento público interno y externo, irresponsable y con intereses de hasta el 20% en dólares. El crecimiento económico había sido de un dos por ciento en 1996 y el del primer trimestre de 1997 fue de 0.3 por ciento. El precio del barril de petróleo bajaba y en 1998 habría de llegar a seis dólares cuando en el presupuesto de ese año se lo había calculado a 16. Había impaciencia en los movimientos sociales por las necesidades insatisfechas durante muchos años. Las instituciones políticas yacían maltrechas y el público desconfiaba de la Contraloría y de las Superintendencias de Bancos y Compañías. Habida cuenta de estas circunstancias, el presidente propuso al país el siguiente programa. LAS METAS DEL GOBIERNO Consolidar el sistema democrático e impulsar una reforma política y jurídica; "equilibrar lo económico y lo social impulsando la reactivación mediante el control de los parámetros macroeconómicos"; ejecutar programas para reducir la pobreza y mejorar la calidad de la vida; buscar la paz definitiva con Perú y devolver al Ecuador el respeto perdido en el ámbito internacional durante la presidencia de Bucaram Ortiz; planificar, iniciar y ejecutar 20 proyectos grandes para el desarrollo nacional y de las regiones; prepararse para afrontar la Corriente del Niño.

Estas metas, generales y abstractas unas, coyunturales y desmesuradas otras, eran parte del estilo del presidente Alarcón: ofrecer sin concretar y al concretar, exagerar para torear la realidad. Ésta lo embistió en el ámbito económico y social: la crisis del precio del petróleo rebasó toda previsión; la furia del fenómeno del Niño rebasó lo temido y lo sobrepasó ampliamente. De esta manera, la primera fuente de ingresos (el petróleo) y la segunda ( el banano, camarón y productos agrícolas de exportación) se vieron cegadas en gran parte. La pobreza creció y la calidad de la vida se deterioraba. Sin embargo, el presidente puso manos a la obra con ánimo y rapidez. Nombró un gabinete de 22 miembros entre los que destacaban el ministro de Gobierno, César Verduga, quien se había distinguido en ese cargo durante la segunda mitad del régimen de Rodrigo Borja; el canciller José Ayala Lasso, respetado internacionalmente y que a la sazón ocupaba el cargo de Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados, y el ministro de Educación, Mario Jaramillo, ex rector de la Universidad del Azuay. Pero en los organismos de control y en la secretaría de la Administración Pública puso a personas que no inspiraban confianza alguna.
El gobierno convocó a los ecuatorianos a una consulta popular para el 25 de mayo de 1997. La complicada consulta pedía pronunciarse sobre 14 puntos: ante todo, ratificar la destitución de Bucaram, ratificar la elección de Alarcón y convocar una Asamblea Nacional que reforme la Carta Política; a continuación pedía que el pueblo escogiera entre elegir por votación popular a todos los miembros de la Asamblea o elegir de este modo solo a algunos de ellos, y que el resto fuese designado por organismos del Estado y de la ciudadanía. La consulta pedía también limitar los gastos electorales y controlar el origen de su financiamiento; pedía escoger entre votar para dignidades colectivas por la lista completa de los candidatos de un partido político calificado o más bien por candidatos tomados de cualesquiera de las listas; pedía elegir diputados en la segunda vuelta presidencial, eliminar los partidos que hubieran obtenido menos del cinco por ciento de los votos de todo el país en dos elecciones pluripersonales sucesivas, integrar el Supremo Electoral con representantes de los partidos políticos con más votos en las elecciones pluripersonales y elegir a los titulares de los órganos de control sin ternas enviadas por el presidente de la República. Solicitaba, también, al pueblo pronunciarse sobre si la Función Judicial debía designar a sus miembros, sobre asignar o no funciones administrativas al Consejo Nacional de la Judicatura nombrado por la Suprema y sobre revocar el mandato a los elegidos por voto popular cuando se hubieran vuelto indignos de esa representación. Por último pedía pronunciarse sobre si incorporar a la Constitución los cambios resueltos por esta consulta en un lapso no mayor de 60 días. Acudió a votar el 59.3 por ciento de los empadronados. Ganaron las siguientes opciones: 61 por ciento contra Bucaram; 54.9 por Alarcón; 46.6 por la Asamblea; 35.8 por voto popular de todos los asambleistas; 49 por control de gasto electoral; 30.7 por elección nominal de una o varias listas; 36 por elección de diputados en la primera vuelta; 46.3 porque se eliminen del registro electoral los partidos con menos del cinco por ciento; 39 por un Tribunal Electoral integrado por los partidos ganadores; 33.6 por ternas para organismos de control independientes del presidente; 40.4 y 37.0 por las dos reformas judiciales, 39.6 por la revocatoria del mandato y 43.8 por los 60 días. El presidente quedó muy satisfecho con la ratificación del pueblo a su mandato. En Pichincha esta ratificación llegó a 74.8 por ciento, en Azuay a 63.4, en Tungurahua a 61.6 y en Carchi a 61.5. En la Costa, Guayas lo ratificó con 49.6, el porcentaje más alto de esa región. Los porcentajes más bajos fueron en Esmeraldas, Sucumbíos y Zamora : con 28.4 por ciento, 32.8 y 36.5 respectivamente.
"Lo curioso es que, debido al elevado porcentaje de votos blancos y nulos, solamente las preguntas uno y dos alcanzaron un número de votos válidos superior a la mitad más uno de los votantes, lo cual confirma una mayoría absoluta indiscutible por el Sí. En todos los demás temas de la consulta, ninguna de las alternativas de respuesta alcanzó el número suficiente de sufragios para garantizar la mayoría absoluta en el total de votantes, por lo cual puede dudarse de que haya existido una nítida voluntad ciudadana en favor de los temas tres al 14 propuestos por el Ejecutivo y el presidente de la Corte Suprema de Justicia". ("Consulta Popular: Reflexiones y Propuestas", Cordes y Fundación Konrad Adenauer). LA CONSTITUCIÓN DE 1998 La nueva Constitución fue la decimonovena desde 1830. Rigió desde el 10 de agosto de 1998 y fue expedida en Riobamba el 5 de junio al concluir sus labores la Asamblea Nacional Constituyente. Ésta trabajó por cuatro meses y medio en el recinto de la Academia de Guerra de las Fuerzas Armadas en Sangolquí. Aunque convocada como Asamblea Nacional, se declaró ella misma Constituyente siguiendo la lógica de su cometido. "Sus disposiciones", según el testimonio de su presidente, Osvaldo Hurtado Larrea, "en general aprobadas por consenso y muchas por unanimidad, fueron el resultado del diálogo que la Asamblea mantuvo con todos los sectores de la vida nacional y de los aportes de partidos y agrupaciones de independientes que la integraron, representando el amplio espectro ideológico y político del país". Añadió nuevos derechos: los colectivos de los pueblos indígenas, y los colectivos de los ciudadanos a un medio ambiente sano, legalizó las instituciones existentes de la Defensoría del Pueblo, el hábeas data, y el recurso de amparo. "Redefinió la política social en el sentido de que ella debe dirigirse hacia los pobres" (Hurtado) , creó disposiciones para prevenir la corrupción en el manejo de los bienes públicos y para castigarla ejemplarmente, incluso en el ámbito del Congreso Nacional e institucionalizó la Comisión de Control Cívico de la Corrupción.
Según el mismo Hurtado, "aportó con instituciones y normas para mejorar la calidad del sistema democrático, facilitar la gestión de los gobiernos, reducir los conflictos políticos, otorgar estabilidad política y económica y proporcionar a la empresa un horizonte de largo plazo. ... Gracias a ella, el sector privado, por su parte, tendrá una mayor participación en las actividades productivas y en la prestación de seguridad y confianza para realizar sus inversiones". Aumentó el poder del presidente en puntos de política económica y en la estabilidad de sus ministros, y privó al Congreso de una fuente de corrupción y manipulación política al restringir su poder en la elaboración del presupuesto nacional. Democratizó las jerarquías del Congreso igualando a todos los diputados, aumentó su número en proporción al crecimiento poblacional y creó en el Congreso dos vicepresidencias a fin de representar a los partidos minoritarios. Según el mismo Hurtado, "en la historia moderna del Ecuador, no existe una Constitución que, como la expedida por la Asamblea Constituyente, haya restringido tanto las atribuciones del Congreso Nacional, y, como consecuencia, fortalecido la autoridad del presidente de la República". Dispuso la modernización y control del Seguro Social, prohibió financiar gastos corrientes mediante endeudamiento público y dio autonomía absoluta al Banco Central en sus funciones monetaria, crediticia y cambiaria. Concedió autonomía administrativa y económica al Tribunal Constitucional, sentó sin duda alguna la supremacía de la Constitución sobre las leyes y otras normas jurídicas, y sentó como norma de prudencia que la Constitución no podía ser reformada sino mediando un año entre la primera y segunda discusión de un proyecto de reforma.
Pese a estos avances, dada la incuria del Congreso, la pasividad del presidente Jamil Mahuad, el poder burocrático de los sindicatos públicos, el canibalismo de los partidos políticos y la legislación tardía, los efectos benéficos de la nueva Constitución se vieron coartados en los dos primeros años de su vigencia, pero habría de funcionar bien en la crisis de la sucesión presidencial provocada por la caída del presidente Jamil Mahuad. La disposición más criticada ha sido hasta ahora el aumento del número de diputados. EL MANEJO ECONÓMICO Alarcón recibió un país cuarteado por el terremoto político de la insurrección general contra Bucaram y heredó una banca que había empezado a cebarse con el dinero de los ecuatorianos. El sismo dañó la casa de la economía; la ceba despertó el apetito por el dinero fácil. Durante el régimen populista de Bucaram, el Banco Central había cebado con créditos por 700 mil millones de sucres al Banco Continental de la familia guayaquileña Ortega. El Continental había quebrado por la práctica corrupta de la piramidación. También en la misma época, el Central cebó al Banco Mercantil Unido con préstamos por 40 mil millones de sucres. Pese a estos antecedentes, en el primer año del ejercicio de Alarcón el Producto Interno Bruto creció en un 3,4 por ciento, es decir, un tercio más que el de 1996 porque mejoraron la agricultura, la pesca, la manufactura, la construcción y el transporte. Hubo inversión en la telefonía celular. El déficit fiscal fue de 2,6: mucho menor que el previsto a comienzos de año. La reserva monetaria fue la más alta del decenio. Aumentó la recaudación de tributos y aduanas. El sistema de bandas cambiarias, esto es, el control de la devaluación entre topes planeados, dio estabilidad al sucre; las tasas de interés fueron las más bajas de la época y en algo disminuyó la cartera vencida. Se notó la mano del economista Fidel Jaramillo en el Central y luego en Finanzas, y la cohesión del gabinete, algunos de cuyos miembros eran masones. Pero este repunte se frenó en octubre con el comienzo del fenómeno del Niño, el cambio del ministro de Finanzas, el aflojamiento de la disciplina fiscal y el populismo de Alarcón. Creció el gasto público por el aumento de salarios y el servicio de la deuda. El gasto se financió en gran medida con deuda interna que llegó a sumar 880 millones de dólares. Y aunque aumentaron los salarios a un mínimo de 145 dólares mensuales y mejoró su poder adquisitivo, la inflación había subido cuatro puntos sobre los del año 96 hasta cerrar con un 31 por ciento anual. Aumentó el desempleo en casi dos puntos, pero bajó el subempleo en tres puntos. El Producto Interno Bruto per cápita subió de 1.637 a 1.655 dólares entre 1996 y 1997.
Y llegó el fatídico año de 1998 encapotado en un poncho de aguas contra el fenómeno del Niño y hundido hasta las rodillas en los pantanosos suelos de la baja del petróleo. El Niño arrasó con la agricultura costeña ocasionando pérdidas por mil millones de dólares, expulsando a 15 mil familias de sus hogares y dañando la infraestructura vial, las herramientas y las bodegas a un costo de tres mil millones de dólares incluido el lucro cesante de las exportaciones agrícolas que al fin del año cayeron en un 16 por ciento y de las no tradicionales en un nueve por ciento. Se exportó en este año una producción que valió 4.203 millones de dólares cuando las exportaciones totales del 97 habían valido 4.900 millones de dólares. El precio del barril de petróleo cayó en la sima de la década : valió tan solo seis dólares veinte centavos. Con el Niño insoportable y el petróleo deprimido, la economía creció apenas al 0, 4 del PIB mientras la población crecía al 1.9 por ciento. Para compensar las pérdidas y acudir en auxilio de los damnificados, hubo que endeudarse. La deuda interna subió a 2.068 millones de dólares y el déficit del presupuesto habría de llegar también al récor del decenio: a menos seis puntos y medio por ciento. Para aumentar las calamidades, un terremoto dañó seriamente la ciudad balneario de Bahía de Caráquez cuando ésta vivía una suerte de auge turístico generado en la predilección del presidente Sixto Durán-Ballén por esa ciudad manabita en la que había gastado mucho en obra pública y vialidad.
Alarcón sobrellevó estos desastres con estoicismo, con fortaleza y con actividad. Emprendió por medio del ministro de Finanzas Marco Flores la tecnificación y depuración del Sistema de Rentas Interno y encomendó a las Fuerzas Armadas la administración y el control de las aduanas, uno de los focos de la corrupción de la oligarquía desde la fundación de la República ; pero no intentó siquiera corregir las deficiencias estructurales de la economía, no hizo ajustes y, ante la presión popular e indígena retiró la medida de bajar los subsidios al gas de uso doméstico e industrial. En los años 60, el presidente interino Clemente Yerovi había aprovechado su condición de interino para ajustar la economía y las finanzas. El presidente Alarcón no lo hizo. Y este fue su mayor pecado. En fin, no permitió que las calamidades le distrajeran de proseguir las negociaciones de la paz con Perú, de tender un hábil manto protector a la corrupción del régimen y de interesarse por el juego político de las elecciones presidenciales. EL PROCESO DE LA PAZ Ecuador detuvo victoriosamente la ofensiva peruana en la Guerra del Cenepa a comienzos de 1995. Ecuador se ganó el respeto de los países garantes del Protocolo de Río de Janeiro que, por fin, se decidieron a cumplir con la palabra empeñada hacía medio siglo. Pero, principalmente, Ecuador tuvo suerte en que esa guerra hubiera estallado en el último decenio del siglo XX.
A partir de la caída del Muro de Berlín, los Estados Unidos dominaron el mundo, impulsaron la globalización del comercio y determinaron que la democracia era la forma de gobierno que convenía a la economía liberal. La tradición de la geopolítica de Washington había sido considerar a América Latina como su bodega y retaguardia. En las nuevas condiciones de fines de milenio, esa retaguardia debía ser democrática, pacífica y segura, y esa bodega debía participar como socia minoritaria del mercado usaíta amenazado por la competencia de la Unión Europea, de la República China y del mercado japonés y sudasiático. Convenía, pues, que todo conflicto fronterizo en América Latina se resolviera pronto y en paz. El conflicto Ecuador - Perú era antiguo, se había vuelto violento desde los años ochenta, tenía lugar en la región noroeste de América del Sur centro del comercio del narcotráfico, de la guerrilla colombiana, del Canal de Panamá, y de sociedades en que había una peligrosa distancia entre la calidad de vida de los ricos y el deterioro de vida de los pobres. Había, pues, que liquidarlo a cualquier precio y sin demora. Estas circunstancias explican que las negociaciones comenzadas para poner fin a la guerra del Cenepa hubieran continuado sin interrupción ni sobresaltos. Tras el retiro de las tropas y la desmilitarización de la frontera, acciones en las cuales los países garantes estuvieron presentes y en cuyo buen suceso influyeron, había que negociar la línea de frontera y crear nuevas condiciones económicas para que la paz se afianzara en el comercio. Alarcón tomó con seriedad este asunto tan urgentemente presionado por los Estados Unidos y dio carta blanca al canciller José Ayala Lasso, un hábil diplomático y una persona reconocida en el mundo internacional. Ayala trabajó bien con la prensa para ganar la opinión pública al pesado costo de la paz ya que se preveía que el arreglo definitivo no satisfaría la tradicional aspiración ecuatoriana a un acceso territorial y soberano al Amazonas.
En el gobierno de Alarcón tuvieron lugar dos fases importantes de las negociaciones. La primera fase con cinco rondas de diálogo sobre los impasses subsistentes se llevó a cabo en Brasilia en abril de 1997. La segunda fase fue en enero de 1998. De ella salió la Declaratoria de Brasilia que reafirmaba la voluntad de las partes para llegar a una pronta solución sea directamente, sea dejando en última instancia todo el asunto en manos de los garantes. A la Declaratoria siguió un cronograma para la aplicación de cuatro métodos de solución de los impasses. Se establecieron cuatro comisiones negociadoras y un Grupo de Trabajo binacional. La primera Comisión trabajó en un proyecto de Comercio y Navegación ; la segunda en los acuerdos de Integración Fronteriza ; la tercera, en la fijación de Límites de la Frontera Terrestre en disputa, y la cuarta en crear medidas de Confianza y Seguridad. Gracias al trabajo de estas comisiones se firmaría la paz a comienzos del ejercicio presidencial de Jamil Mahuad. La preparación de la paz fue una de las acciones más positivas del régimen de Alarcón. La política exterior ecuatoriana trabajó, además, en limpiar la imagen del Ecuador manchada de histrionismo y vulgaridad por Abdalá Bucaram ; trabajó en la integración andina y en un encuentro de presidentes andinos en la Cumbre de Guayaquil en abril de 1998. Ecuador entró en el Consejo Económico de la Cuenca del Pacífico, con miras a la inserción en el Consejo de Cooperación Económico y en el Foro de Cooperación Asia-Pacífico. La Cancillería encaminó sus acciones en el 98 a concluir los términos de las negociaciones sobre banano con la Unión Europea de acuerdo con los convenios de la Organización Mundial del Comercio. Este trabajo habría de rendir frutos en el año 2000. Se estrecharon los lazos de cooperación técnica y financiera con Alemania, Argentina, España, Japón y los Países Bajos. Sin embargo, la corrupción empañó por algún tiempo las buenas relaciones de cooperación del Ecuador con el Japón.


LA CORRUPCIÓN

Como la corrupción había sido una de las razones principales de la revuelta del pueblo contra el populismo roldosista, el presidente interino anunció una lucha a muerte contra ella. En efecto, el 4 de marzo de 1997 creó una Comisión Cívica contra la Corrupción para recibir denuncias, investigarlas y canalizarlas a través de la Fiscalía y de Contraloría. La Comisión presidida por Ramiro Larrea, ex presidente de la Corte Suprema, trabajó con independencia y rigor profesional, tramitó todas las denuncias, encaminó decenas de ellas a los organismos mencionados, despertó en la ciudadanía la conciencia de la honradez y la responsabilidad solidaria, cabildeó para que la Comisión fuera incorporada en la Carta Política y renunció cuando llegó a su término el gobierno de Alarcón que la había integrado. Asimismo, Alarcón saneó las aduanas entregándolas al control administrativo de las Fuerzas Armadas. Las recaudaciones mejoraron.
Sin embargo, la opinión publica consideró el gobierno de Alarcón como un gobierno corrupto aunque no se le plantearon demandas judiciales, salvo por el caso de piponazgo antes de que ejerciera la presidencia de la República. La gente no vio con buenos ojos el nombramiento del secretario de la Administración Pública que reemplazó a Arturo Gangotena, el de procurador del Estado que habría de ser enjuiciado y condenado políticamente por el Congreso del año 2000, y el del representante del presidente en el Directorio de Petroecuador. Un crédito del gobierno japonés laboriosamente negociado por Cancillería fue pospuesto a un crédito brasileño más caro. Según un informe de la Comisión Anticorrupción, el costo financiero japonés en 30 años y 10 de gracia era del orden de los 225 millones de dólares. El brasileño llegaba a casi los 1.250 millones de dólares. Se trataba de la obra Trasvases Esperanza-Poza Honda y Poza Honda - Mancha Grande localizada en Manabí. El crédito brasileño fue ardorosamente defendido por casi todos los diputados manabitas que lo consideraban mejor en términos globales. Alarcón hizo muchas consultas y dejó encaminado el crédito a favor de los brasileños, pero no tomó la decisión final. Quien la tomó fue el gobierno de Mahuad.

El caso más sonado de corrupción por las consecuencias políticas fue el de los gastos reservados del ministro de Gobierno César Verduga. Las actas de los gastos reservados no contenían el detalle de los egresos realizados y juzgados. Uno de los rubros era para "promoción y defensa de la imagen del Ecuador en el exterior"; pero según el Canciller, "Verduga no estableció ningún tipo de coordinación con ese ministerio". En realidad, Verduga había contratado a encuestadoras para sondear las probabilidades de contender él mismo por la presidencia de la República. El ministro de Gobierno renunció y se radicó en México. El caso pasó a la Corte Suprema de Justicia. El monto de los gastos reservados cuestionados fue de 26.000 millones de sucres. La sociedad ecuatoriana había acelerado el paso hacia la corrupción desde el régimen Durán-Ballén. Acelerado, porque la corrupción era tan antigua como la República. Recuérdense los cargos hechos contra el primer presidente ecuatoriano Juan José Flores. Pero en el régimen Durán se legisló sobre las instituciones financieras de una manera complaciente. Allí se enraizó la corrupción financiera que habría de reventar en el último trimestre de 1998. No se puede cargar la culpa de los muchos actos de corrupción en la persona del presidente interino. Pero hubo mucha tela que cortar en la Superintendencia de Bancos, los ministerios de Obras Públicas, Energía y Minas, Bienestar, Salud, y en las donaciones extranjeras para socorrer a los damnificados por El Niño y en algunos municipios y consejos provinciales. El informe de la Comisión Anticorrupción correspondiente al ejercicio julio 97- julio 98 es terminante: "La corrupción ... lamentablemente aún subsiste en los diferentes niveles de la sociedad ecuatoriana y de la administración pública causando un perjuicio aproximado de 1.500 millones de dólares al año, con lo que se hubiera podido mitigar los efectos desastrosos que dejó el Fenómeno de El Niño y otros siniestros ocurridos en 1997".

Esos siniestros iban, sin embargo, a quedar pequeños ante el gran siniestro de la crisis económica y social ocurrido en el régimen del presidente Mahuad, elegido para el período del 10 de agosto de 1998 al 15 de enero del año 2003. ELECCIÓN PRESIDENCIAL Jamil Mahuad, alcalde de Quito, fue el primer candidato de la Democracia Popular a quien el pueblo eligió presidente desde que el Tribunal Supremo Electoral registró este partido en sus archivos en agosto de 1979. Mahuad ganó las elecciones de la primera vuelta con el 35,2 por ciento de los votos válidos en mayo de 1998. Quedó primero en la Sierra, salvo en Tungurahua; primero en la Amazonía menos en Sucumbíos, y primero en Galápagos. Ocupó el segundo lugar en todas las provincias de la Costa. El candidato Álvaro Noboa, independiente cobijado por el roldosismo, ocupó el segundo puesto a una distancia de 8,7 puntos de Mahuad. Participaron en la primera vuelta el ex presidente Rodrigo Borja por Izquierda Democrática ; el periodista Freddy Ehlers del programa " La Televisión " por Nuevo País-Pachakutic, un grupo de reformistas éticos y ecologistas y un movimiento de raíces de raíces indígenas ; la ex vicepresidenta Rosalía Arteaga por el MIRA, un movimiento independiente conservador-liberal creado por la candidata para participar en estas elecciones, y María Eugenia Lima por el Movimiento Popular Democrático de ideología maoísta. Borja obtuvo el 13 por ciento de los votos válidos y Ehlers el 9 por ciento ; las candidatas tuvieron porcentajes muy pequeños. En las elecciones para diputados, la DP fue el partido más votado, aunque no consiguió la mayoría en el Congreso. Venían después los sociacristianos y los roldosistas. El gran ausente en estas elecciones presidenciales fue el Partido Social Cristiano. Jaime Nebot no podía hacerse con el fiel electorado roldosista de la Costa y tampoco con la votación de la Sierra que apuntaba a Mahuad. Las encuestas le mostraron esta cruda realidad por lo que prefirió retirar su candidatura presidencial y evitarse una tercera y definitiva derrota. Una gran cantidad de electores se quedó, pues, sin candidato presidencial socialcristiano. Mahuad gozaba de más credibilidad que Álvaro Noboa, pues en los dos períodos que ocupó la alcaldía de Quito cumplió con las promesas importantes de la campaña electoral: llegar con agua potable a los barrios marginales, dar un sistema de trolebús a la ciudad y concluir las obras empezadas por su antecesor. Estas obras comprendían los accesos modernos a la capital gracias al mejoramiento de la Panamericana Norte y Sur, la nueva vía Oriental y el nuevo camal frigorífico. Proyectaba una imagen más moderna y empresarial que Rodrigo Borja. Superaba en experiencia política y de administración pública a Freddy Ehlers. Parecía tan " sexy " como Rosalía Arteaga y tan atento a las necesidades sociales como María Eugenia Lima. Mostró más tacto político que los otros candidatos al mantener la cabeza fría, la lengua moderada, las puertas abiertas a la conciliación y al diálogo. No cedió a la presión de sus asesores y de la prensa amiga que le instaban a que en la última semana de campaña denunciara con más energía a su principal opositor y se "ensuciara" en la lucha poniéndose a tono con el de sus adversarios más punzantes, Noboa y Ehlers. Pero cayó en el populismo al ofrecer 800 mil viviendas, algo imposible de cumplir.

Mahuad se había prestigiado en los días de la lucha contra Abdalá: en Quito lideró la gran concentración de la avenida de los Shyris e influyó en diversos grupos políticos y en varios movimientos sociales para que se unieran a la causa única de echar del poder a un Abdalá Bucaram que con sus obras y palabras se había ganado la fama de enemigo de Quito. Desde hacía algún tiempo Mahuad venía cultivando el entendimiento con Jaime Nebot, la segunda persona de importancia en el poderoso Partido Social Cristiano, grupo de la oligarquía guayaquileña y quiteña omnipresente en la lucha política y directa o indirectamente siempre en el Poder. Mahuad había respaldado a Nebot en la segunda vuelta electoral del 96. Cuando Nebot declinó la candidatura a la presidencia de la República, el partido - al no hallar un candidato convincente - prefirió poner el peso de la lucha en captar el mayor número de diputados. Esta decisión favoreció a Mahuad en la primera vuelta como lo comprueba el empate con Álvaro Noboa logrado en Guayaquil, plaza fuerte del PRE, y el segundo puesto en Esmeraldas, Los Ríos y El Oro, provincias bastiones del roldosimo. Mahuad sorteó el rumor de que el derrame cerebral sufrido por él hacía un par de años le había minado la resistencia física y la concentración mental, y sorteó el rumor aparejado a su antiguo divorcio y expresado por Izquierda Democrática cuando Borja sufragaba: "Borja presidente. Queremos Primera Dama". Se mantuvo sereno ante el ataque del candidato Álvaro Noboa, quien en la última semana de campaña lanzó la especie no probada de que Mahuad estaba financiada por el narcotráfico. La alta votación recibida por Mahuad en Manabí se debió a la fortaleza de la DP. en esa provincia y a la " sensibilidad " del alcalde de Quito, el único del país que envió el equipo caminero de la municipalidad a trabajar contra los estragos de El Niño en una de las zonas más inundadas. Decisiva en el Guayas resultó la nominación de Gustavo Noboa Bejarano para la Vicepresidencia de la República y la de Polo Baquerizo para la diputación provincial: con estos nombres, Mahuad penetraba en el círculo de las clases alta y baja de la ciudad y su zona de influencia, y daba a los electores del país el mensaje de que si algo le acaeciera a él, quedaba el poder en manos honorables y capaces.
El empresario bananero Álvaro Noboa "threw a party" en su mansión y en el malecón de Guayaquil para celebrar la entrada a la segunda vuelta. Tenía razón para celebrar tan costosamente el gran triunfo, pues en mes y medio de campaña subió de cero puntos en las encuestas a 24 y el día de la elección a 26. 5, a menos de nueve puntos de Mahuad. Álvaro Noboa, heredero de la mayor fortuna del país y de una de las grandes fortunas del continente, gerenciaba un emporio de 101 empresas cuyos centros administrativos radicaban en Guayaquil y Nueva York. Educado en Suiza, con todo el oro del mundo no le quedaba sino o convertirse en un gran filántropo para eternizar el nombre de su padre y el suyo propio o aspirar a la presidencia de la República. Escogió la segunda opción bajo las tiendas de Abdalá Bucaram. El triunfo de Noboa se debió a una imagen de hombre bonachón, sencillo, de gestos elementales ; y también a su aureola de millonario y a su buen desempeño como presidente de Junta Monetaria en el tiempo de Bucaram. Noboa se presentó como millonario, defendió la bondad de la riqueza y puso su fortuna a disposición del pueblo organizando una campaña en la que aparecían él y su mujer como ángeles guardianes de las víctimas del prolongado y destructivo fenómeno de El Niño. Noboa alivió el hambre de las víctimas, combatió las infecciones causadas por el agua y los mosquitos, prendió la esperanza de vivienda propia en los corazones acampados al aire libre y desolados por un porvenir sin oportunidades. LA SEGUNDA VUELTA La ventaja de Mahuad sobre Noboa parecía suficiente y fácil de aumentar en la segunda vuelta, pues los votos de Borja y de Ehlers no podían ir sino a Mahuad. Y así sucedió, pero el apoyo careció de entusiasmo. Mahuad se confió en demasía. Mantuvo su fría campaña conservadora condimentada con alguna nueva promesa. Con el correr de los días la distancia entre los dos candidatos se volvía más estrecha y el domingo de las elecciones cundió el pánico en el cuartel general de Mahuad.
Noboa, por el contrario, tomó varias decisiones importantes. Se sacudió de la tutela de Abdalá Bucaram, quien desde su refugio panameño hacía declaraciones imprudentes, e intensificó la campaña de labor social en la Costa. Dio protagonismo a su carismática esposa, Anabella Azín, que impulsó todavía más las " Brigadas Médicas Álvaro Noboa " para cuidar de la salud de varios sectores marginales no solo de la Costa sino del país. En efecto, puso los ojos en los sectores marginados de las provincias centrales de la Sierra y apeló a un discurso regionalista y anticentralista, desprestigiando al mismo tiempo la honradez de Mahuad en la alcaldía de Quito y la supuesta promiscuidad del candidato verde en la vida privada. Aunque Mahuad contaba con el apoyo del socialcristianismo, el " dueño " del partido, León Febres Cordero, no disimulada su entusiasmo por Noboa con cuyo padre se había labrado una fortuna nacida de la devoción al magnate y de un trabajo perseverante. Llegado el día de las elecciones, los encuestadores-a-boca-de-urna se declararon incapaces de predecir el nuevo presidente, pues la diferencia entre los dos candidatos no superaba el margen de error de las muestras. Pasadas algunas horas, con el recuento de los votos reales se supo que el ganador era Mahuad, pero con una diferencia de apenas dos puntos porcentuales y medio. El alcalde de Quito alcanzó los 2'235.695 votos y el magnate bananero, los 2'124.747 votos, que en porcentajes representaban el 51, 3 y el 48,7 del total de votos válidos. La profunda división regional del Ecuador se había manifestado claramente en este resultado de la segunda vuelta: Mahuad triunfó en Quito y en las ciudades de la Sierra con un promedio del 70 por ciento, mientras Noboa ganaba con holgura en Guayaquil y en la mayor parte de la Costa con un promedio del 60 por ciento. La Costa contaba con un mayor número de electores registrados. La campaña mostró que Mahuad despertaba grandes simpatías, pero que no era capaz de conservarlas. Comenzó la campaña con un ventaja de 50 puntos en las encuestas. Pero aunque logró la alta votación de 35 por ciento en la primera vuelta frente a cuatro candidatos, el margen con que llegó a la presidencia se redujo a menos de tres puntos. Las virtudes en potencia retrocedían ante un discurso coherente y atractivo pero falto de acción, oportunidad y coherencia con la lógica de las palabras tan diestramente pronunciadas. Esta enfermedad mortal se manifestó de lleno en el ejercicio de la presidencia de la República. PAG INICIAL