GUILLERMO RODRÍGUEZ LARA (1924)
"Es imprescindible una intervención más decidida del Estado en la actividad económica tanto para consolidar las reformas iniciadas como para impulsa nuevas reformas que permitan ampliar la capacidad de desarrollo nacional". (Plan Integral de Transformación y Desarrollo, 1973).

DICTADURA DE LAS FF. AA. GUILLERMO RODRÍGUEZ LARA


Período dictatorial: 16 de febrero de 1972 a 12 de enero de 1976 Primera Dama: Aída León Guillermo Rodríguez Lara FILOSOFÍA NACIONALISTA La obra fundamental del gobierno revolucionario y nacionalista del general Guillermo Rodríguez Lara y de las Fuerzas Armadas fue la nacionalización del petróleo. El Estado, y no la burguesía, controló la exploración, producción y mercadeo del petróleo. Por primera vez en la historia republicana del Ecuador, el poder económico estaba parcialmente en manos del Estado. El poder político se extendió a nuevas familias de la clase media. z
Al iniciar la dictadura, Rodríguez Lara expuso a los ecuatorianos un resumen de la "Filosofía y Plan de Acción del Gobierno Revolucionario y Nacionalista". La crisis que soporta la Nación ecuatoriana, decía, es el resultado de un sistema democrático aparente que no ha tomado en cuenta la realidad sicosocial del pueblo ecuatoriano. La estructura despótica en la explotación ha producido una desesperanza intolerable. Ecuador ha crecido desarticuladamente por su orientación hacia los mercados externos. Esto ha determinado que las regiones mejor dotadas para satisfacer la demanda se hayan beneficiado más intensamente mientras que las regiones orientadas a la producción para el consumo interno no hayan contado con estímulos suficientes, No se han establecido mecanismos de retención en las áreas que originaron la producción. La dependencia externa de la economía nacional ha condicionado la distribución interna del excedente generado en el proceso productivo. Esta falta de integración espacial se ha traducido socialmente en una estructura de Poder fortalecida por la distribución desigual del ingreso y por la exclusión de los grupos mayoritarios en la conducción de la vida nacional". Rodríguez Lara explicó que la estrategia del plan consistiría en aprovechar la situación histórica que se presentaba por la riqueza del petróleo. El gobierno de las FF. AA. apoyaría un cambio trascendente de la economía y de la sociedad ecuatoriana. "Es imprescindible", "afirmaba, una intervención más decidida del Estado en la actividad económica y una transferencia al sector público de las decisiones fundamentales que afectan la economía y el desarrollo social del Ecuador". Con estas metas ideales empezó el Gobierno militar.

La filosofía estatizante y social del Plan no era improvisada. Hundía sus raíces en las esperanzas mal formuladas del sector popular de la Revolución Liberal de 1895, se entroncaba con el pensamiento socialista de los decenios de 1920 y 1930, políticamente expresados y en parte ejecutados por la Revolución Juliana de 1925, el enriquismo de 1937 y 1938, y algunas de las reformas de la Junta Militar de 1963 a 1966. Pero los detonantes fueron las concesiones petroleras poco favorables al Ecuador hechas en el gobierno de Otto Arosemena Gómez, la impotencia de la dictadura civil velasquista para ordenar la economía y satisfacer las demandas sociales. Y sobre todo la prevista recuperación de la economía por las exportaciones del petróleo. No se podía dejar esa riqueza en manos ni del populismo ni de la vieja oligarquía. EL REFORMISMO MILITAR La sola presencia del petróleo no explica el proyecto político militar. El golpe del 15 de febrero de 1972 no fue un cuartelazo sino una decisión de las Fuerzas Armadas. Según el cientista político uruguayo Nelson Aragonés, dentro de ellas había una tendencia reformista liderada por Rodríguez Lara, una tendencia tradicionalista benévola con la oligarquía y compartida, entre otros, por el general Raúl González Alvear, y una tendencia legalista que apoyó el golpe de Estado como un medio transitorio ante el vacío del Poder creado por Velasco Ibarra.

Las Fuerzas Armadas optaron por un modelo de Gobierno "presidencialista": el título que adoptó el jefe de Estado fue el de "presidente de la República". El consenso social con que fue recibido el golpe militar le dio legitimidad. Rodríguez Lara puso en vigencia la Constitución izquierdizante de 1945 en todo lo que no se opusiera a los propósitos de la filosofía revolucionaria nacionalista y empezó a ejercer el Poder asesorado por un Consejo de Gobierno integrado por militares de las tres ramas de las FF. AA. y cuya finalidad era legislar y fiscalizar. Más tarde ese Consejo de Gobierno fue reemplazado, de hecho, por una Comisión Legislativa integrada en su mayoría por socialistas. El Gabinete presidencial incluía a algunos ministros civiles, pero las carteras claves fueron ocupadas por militares. A lo largo de su Gobierno, Rodríguez Lara reajustó este gabinete inicial. Según el periodista Michel Hubert en una crónica sobre los 1.424 días de Rodríguez Lara, aparecida en Vistazo, "estos reajustes fueron verdaderas purgas" de militares como el general Víctor Aulestia, ministro de Defensa, hombre duro y derechista; el capitán de Navío Gotardo Valdivieso, ministro de Gobierno, progresista; el coronel Roberto Proaño Tafur, ministro de la Producción, de la línea de los de "La Balbina", idealista y rígido; el general Galo Latorre, ministro de Gobierno, asimismo rígido y duro. Hubert atribuye estas "purgas" a motivos de vanidad personal del presidente y al influjo de "los comunistas". Las purgas se debieron, probablemente, a la necesidad de seguir un curso medio entre la derecha militar más inclinada a imponer la ley y el orden y la izquierda militar impaciente.
Pasada la luna de miel de 1972, los partidos políticos pedían el retorno al orden constitucional. Rodríguez Lara fue terminante: "No permitiré que los partidos políticos se conviertan en tutores del Gobierno". Cuando anunció un plan quinquenal para ejecutar parcialmente lo programado, los partidos entendieron que Rodríguez Lara no entregaría enseguida el Poder a los civiles. El presidente decretó el régimen jurídico de "estado de sitio" y lo mantuvo cerca de cuatro años. Empezó a gobernar con mano de hierro que luego fue enguantada en seda. Encarceló a periodistas y maestros. En octubre de 1973 confinó en la Amazonía a conocidos líderes opositores aunque pasados unos meses levantó el confinamiento dando oído a críticas de la prensa. Fiscalizó con el aplauso inicial de la opinión pública a personeros del último régimen velasquista no sin caer en excesos de precipitación como en el caso de Alfonso Arroyo Robelly, uno de los ministros favoritos de Velasco Ibarra. Arroyo fue absuelto luego de largos meses de prisión. El Gobierno intervino en la Corte Suprema de Justicia y constituyó unos "tribunales especiales" integrados por elementos civiles y militares para acelerar la administración de justicia en los delitos de "subversión". Los tribunales funcionaron con eficacia pero incurrieron en excesos y atropellaron los procedimientos judiciales por lo que fueron suprimidos en agosto de 1973. Hacia 1974 el régimen rodriguista empezó a desgastarse políticamente. Perdió el soporte del pueblo desencantado porque las riquezas del petróleo no se filtraban en proporción suficiente al aumento del costo de la vida. Los campesinos y los sindicatos le retiraron poco a poco el apoyo. Los partidos políticos del Centro y de la Derecha reclamaban el retorno al régimen formal. La oligarquía y las compañías petroleras intrigaban con los militares de la Derecha. El Gobierno habló de un plan de retorno. Las medidas económicas adoptadas a mediados de 1975 para corregir la debilidad de la reserva monetaria internacional despertaron el rechazo de los grupos dirigentes del comercio. El 31 de agosto de 1975, en connivencia con políticos agrupados en un "Frente Cívico", el general Raúl González Alvear y otros generales del Ejército se alzaron en armas.

Apoyado por el batallón "Epiclachima" acantonado en el sur de Quito y por la brigada de Selva "Pastaza" que se desplazaba a la Capital, González se apoderó del Palacio de Gobierno y se proclamó jefe de Estado mientras sus acompañantes civiles saqueaban las oficinas. Rodríguez Lara pudo abandonar a tiempo el Palacio y se dirigió a la brigada de Blindados "Galápagos", en Riobamba, desde donde avanzó sobre Quito. Había llegado Rodríguez Lara a la mitad del camino entre Quito y Riobamba cuando González Alvear, a quien no secundaron ni las demás guarniciones del Ejército ni la Fuerza Aérea ni la Marina, se rindió el primero de septiembre y se asiló en la Embajada de Chile. Hubo 30 muertos entre los militares. Este cuartelazo conocido como 'La Funeraria' -por la 'Funeraria Quito', centro de operaciones de los sublevados- quebrantó a Rodríguez Lara. Cuatro meses después, los comandantes del Ejército, Marina y Aviación lo relevaban del Mando el 11 de enero de 1976. EL ORO NEGRO El capitán de Navío Gustavo Jarrín Ampudia y el coronel René Vargas Pazos, sucesivos ministros de Energía, manejaron la política petrolera de modo coherente con la Filosofía Revolucionaria y Nacionalista. Se renegociaron los contratos petroleros para limitar las prerrogativas de las empresas Texaco y Gulf, se creó la Corporación Estatal Petrolera Ecuatoriana (CEPE) que adquirió el 25 por ciento de las acciones del Consorcio Texaco-Gulf y se constituyó la Flota Petrolera Ecuatoriana (FLOPEC). Ecuador ingresó a la Organización de Países Exportadores de Petróleo (OPEP) y apoyó al nacimiento de la Organización Latinoamericana de Energía (OLADE). Se expidió la Ley de Hidrocarburos. Estas medidas dieron al Estado una participación en los resultados cercana al 80 por ciento. El primer embarque de petróleo tuvo lugar el 15 de agosto de 1972. La producción habría de llegar a los 200 mil barriles diarios.

Esta riqueza, unida a las exportaciones agrícolas tradicionales que también aumentaron, hizo crecer la economía a un promedio del 10 por ciento anual. En 1973 creció al 13.5, el índice más alto de los países latinoamericanos. Este crecimiento transformó a Ecuador. "Finalmente", dice el cientista social Osvaldo Hurtado, "se integra el espacio geográfico nacional por el desarrollo de las comunicaciones y de las vías de transporte, se conforma la clase media, el proletariado adquiere la calidad de tal y el Estado se independiza relativamente del control de los agroexportadores". Se empezó a construir el Complejo Hidroeléctrico de Paute y se construyeron la refinería de petróleo en Esmeraldas y la planta terminal del oleoducto en Balao. Se pavimentó, entre otras, la carretera Quito-Tulcán y se emprendió en una vigorosa obra de vivienda popular especialmente en Quito. La nueva riqueza transformó la mentalidad de los ecuatorianos hasta entonces signada por la austeridad. Hasta se pagó el último saldo de 50 millones de sucres de la deuda inglesa contraída en los años de la Independencia. Se importó con alegría y se gastó sin visión de futuro. Se engañaron con esta ilusión no sólo el Estado sino también la empresa privada y los ciudadanos en proporción directa a la mayor o menor o ínfima participación en el festín del petróleo.
Con la riqueza producida y con la riqueza prestada apareció el fenómeno de la inflación. En el decenio de 1960 la inflación se había situado en un cuatro por ciento anual, en 1972 subió a ocho, en el 73 a 21 y en el 74 a 25. Pero los salarios no aumentaron en iguales proporciones por lo que la nueva riqueza empobrecería en adelante a la mayoría de la población pese a que la mejora en la calidad de vida hasta la crisis del decenio de 1980 fue innegable. DESARROLLO Un informe de la Corporación Financiera Ecuatoriana (COFIEC) para 1973-1974 daba cifras sobre el desarrollo de la economía: el crecimiento global se aproximaba al 13 por ciento, el industrial al 14, el comercial al 7.43, el de la banca, seguros e inmuebles al 12.3 y el de la construcción al 8.2. El producto per cápita había subido de 279 dólares en 1970 a 613 en 1975.

El desarrollo del Ecuador era visible sobre todo en las ciudades y especialmente en la Capital. Se inauguró la Estación Terrena para comunicaciones, se fomentaron la minería y el desarrollo pesquero, se estableció el Centro de Promoción de la Pequeña Industria y Artesanía (CENAPIA), se creó el Fondo Nacional de Desarrollo para financiar obras de infraestructura, se creó la industria militar, se combatió el contrabando y se modernizó parcialmente el sistema de recaudación de impuestos. Pero hubo un decrecimiento neto del sector agropecuario para el consumo nacional que no llegó al uno por ciento mientras la población crecía al 3.4 por ciento, lo que se comprobaba con la escasez y el alza del costo de los alimentos. Según el censo de 1974, la población llegaba a los 6'500.845 habitantes. En su "Filosofía y Plan de Acción" el Gobierno había anunciado una "reforma agraria real y efectiva". Para este fin expidió una ley que traspasaba el dominio sobre el agua de riego al Estado y pese a la oposición de los sectores afectados expidió en octubre de 1973 la Segunda Ley de Reforma Agraria. Pero la política agrorreformista del Gobierno fue tarda, vacilante, contradictoria y muy sensible a la presión de los terratenientes, sobre todo de los terratenientes serranos. El Instituto de Reforma Agraria (IERAC) usó solamente el 25 por ciento de su presupuesto entre 1973 y 1975. Las familias incorporadas hasta 1975 fueron 7.910 y la superficie afectada no pasó de las 82.950 hectáreas. Según G. Cosse, investigador de la Universidad de York, (Canadá), "la acción del Estado bajo la conducción militar desencadenó un proceso que tendió a homogenizar a nivel nacional el carácter capitalista del agro ecuatoriano".

En el sector agrario se produjo el mayor despilfarro de los fondos del petróleo con una importación de fertilizantes que significó un descalabro económico por el orden de los 600 millones de sucres, de los cuales 386 fueron una pérdida neta para el Banco Nacional de Fomento. Vistazo denunció esta grave irresponsabilidad y su director fue "interpelado" por el Alto Mando Militar en Quito. Vistazo se ratificó en su crítica. SENTIDO COMÚN Guillermo Rodríguez Lara nació en Pujilí (Cotopaxi) el cuatro de noviembre de 1924. Se graduó de bachiller físico-matemático en 1943 en el Colegio Militar Eloy Alfaro y en 1951 recibió el título de ingeniero de manos del general Juan Domingo Perón, presidente de Argentina. Se casó con Aída León en la iglesia matriz de Pujilí en 1953. Un año después el capitán Rodríguez Lara era jefe de estudios del Colegio Militar Eloy Alfaro. En 1963 estuvo en Washington. De esa época data una fotografía con Robert Kennedy. En 1964 fue profesor en la Escuela de las Américas, Fort Gulick, Zona del Canal de Panamá. En 1966 recién incorporado al
Estado Mayor de la Academia de Guerra fue condecorado por el presidente Clemente Yerovi. En 1971 medió con tino en la Escuela Militar de la que era director para que Velasco Ibarra siguiera en el Poder. En 1975, ya de presidente, fue ascendido a general de División. Luego de la presidencia se retiró a la vida privada y se dedicó a la agricultura y ganadería en su hacienda Tigua Centro a 40 kilómetros de Pujilí. Conservó un perfil bajo, no intervino en la vida política y acrecentó la simpatía y el respeto matizado con cierto humor que la opinión pública en general le había manifestado en los años de Gobierno. El jueves 28 de marzo de 1996 Rodríguez Lara vivió el terremoto de Pujilí que cuarteó la casa de la hacienda donde se hallaba mientras en el pueblo, su esposa Aída se libró por segundos de ser sepultada por la pared de la casa que se vino abajo. Rodríguez Lara se distinguió por su sentido común, su habilidad política, su sólida cultura militar, una buena cultura humanística y un talante sencillo. Jorge Salvador Lara, el historiador, dice de él: "Supo explotar en su favor ciertos rasgos de pintoresca bonhomía y el hecho de ser uno de los pocos militares diestros en la improvisación oratoria no sin cierto dejo curial". "Los bienes que poseo", dijo en una entrevista concedida al historiador Eduardo Muñoz Borrero, " y que se encuentran detallados en mis declaraciones hechas ante la Nación y el notario público tanto al inicio de mi Gobierno como al final de mi gestión, los adquirí con mi esfuerzo personal y con el de mi esposa". El ex presidente Osvaldo Hurtado al evaluar el gobierno de Rodríguez Lara y de las Fuerzas Armadas escribió: "Probablemente el error que cometió el Gobierno militar fue presentarse como nacionalista y revolucionario. Su discurso reformista llevó a sectores políticos y de la opinión pública a medir los resultados de su administración no en función del desarrollo y del progreso alcanzado por el país, sino de las transformaciones económicas y sociales ofrecidas por los militares, reiteradas por el general Rodríguez en su diaria retórica y que no se produjeron, en parte por la inexistencia de una política social o porque no se llevaron adelante ciertas propuestas contenidas en el Plan de Gobierno. Cierto es que los sectores medios y populares mejoraron sus condiciones económicas, pero también es verdad que se produjo una notable concentración de la riqueza en los grupos sociales altos".
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