JOSÉ MARÍA VELASCO IBARRA (1893-1979)
¿Queréis revolución? Hacedla primero dentro de vuestras almas, todos los días, sin amilanarse. Esa es la revolución: amor al progreso y a la justicia, venciendo todos los obstáculos". (Velasco Ibarras, Discursos) PRIMERA PRESIDENCIA DE JOSÉ MARÍA VELASCO IBARRA Presidente Encargado: Abelardo Montalvo: 20 de octubre de 1933 a 31 de agosto de 1944. Período Presidencial: 1 de septiembre de 1934 a 21 de agosto de 1935. Primera Dama: Esther Silva Burbano. Vicepresidente: no había la función. J. M. Velasco Ibarra

PRESIDENTE ENCARGADO

Previendo su destitución, el presidente Martínez Mera nombró ministro de Gobierno a Abelardo Montalvo para que dentro del orden constitucional se encargara de la presidencia. Montalvo, un liberal de cepa, había ya asumido el Poder en 1910 cuando el presidente Eloy Alfaro acudió a la frontera sur al frente de las tropas ecuatorianas. Montalvo gobernó desde el 20 de octubre de 1933 hasta el 31 de agosto de 1934. En esos once meses, secundado por su ministro de Gobierno, el incorruptible José Rafael Bustamante, convocó a elecciones libres, fiscalizó la Empresa del Ferrocarril Quito-Guayaquil y, conforme a lo convenido en el Protocolo Ponce-Castro Oyanguren con el Perú en junio de 1924, pidió la venia del presidente de los Estados Unidos para situar en Wáshington las negociaciones definitivas entre Ecuador y Perú. Convocadas las elecciones, se candidatizaron el capitán Colón Eloy Alfaro y Carlos Arroyo del Río por el Partido Liberal, Ricardo Paredes por el Partido Comunista, José María Velasco Ibarra por los conservadores compactados, y Carlos Zambrano Orejuela por el socialismo. Las elecciones se llevaron a cabo el 14 y 15 de noviembre de 1933. Velasco Ibarra triunfó con 51.848 votos. Zambrano obtuvo 11.028; Colón E. Alfaro, 945, y Paredes, 696 votos. Arroyo del Río se había retirado a tiempo. El presidente electo recorrió las provincias y visitó algunos países de América del Sur: "Quise", dijo, "que el Ecuador abandonara el aislamiento tradicional, la timidez intemacional. Quise darle altivez en los reclamos internacionales".

EL VELASQUISMO

Velasco Ibarra gobernó en la crisis económica (1934-1935), en la post- crisis territorial (1944-1947), a comienzos del "boom" bananero (1952- 1956), a comienzos del tercermundismo castrista (1960-1961), y en la antesala del "boom" petrolero (1968- 1972). Trece años en el Poder y cuarenta años como referente obligado significaron una continuidad de influjo populista que contrastó con la inestabilidad. El velasquismo tuvo como antecedente histórico el movimiento conservador Compactación Obrera Nacional surgido en Quito en torno a la candidatura de Neptalí Bonifaz. El velasquismo ha sido interpretado desde diversos puntos de vista. Carlos de la Torre Espinosa, sociólogo que analizó la seducción velasquista de la década de 1940, afirma: "Los políticos contemporáneos de Velasco, en algún momento de sus vidas e independientemente de sus ideologías políticas, se definieron como velasquistas o antivelasquistas. Este movimiento político no atrajo sólo a las élites del país. Su papel más importante fue incorporar el sistema político a sectores hasta entonces excluidos del mismo... . Velasco Ibarra inauguró un nuevo estilo que incluía a votantes y no votantes: la política de masas". Agustín Cueva, sociólogo marxista, ve a Velasco y el velasquismo "como un elemento de conservación del orden burgués", que "permitió al sistema absorber sus contradicciones más visibles y superar al menor costo sus peores crisis políticas manteniendo una fachada 'democrática', o por lo menos 'civil', con aparente consenso popular". El ex presidente Osvaldo Hurtado matiza el juico de Cueva: 'Pero en el caso de que tales movimientos (populistas) no hubieran aparecido, cabe preguntarse si los marginados o los subproletarios... se habrían adherido a posiciones revolucionarias... (... ) ... Son los problemas personales circunstanciales y locales los que interesan a estos grupos sociales' (y no las ideas abstractas y las causas estructurales). Y el sociólogo Oswaldo Barsky, estudioso de la reforma agraria ecuatoriana, aludiendo al libro de Pablo Cuvi Velasco Ibarra: el último caudillo de la oligarquía, opina que 'parece absolutamente fuera de lugar el haber ubicado a Velasco Ibarra como 'el último caudillo de la oligarquía' '. EL CARISMA DE VELASCO También se ha cavilado sobre la compleja personalidad de Velasco. El historiador Alfredo Pareja Diezcanseco confiesa que "es muy difícil definir ideológicamente a Velasco Ibarra. En general tratábase de un liberal católico, con afán de reformas y pasión constructora, muchas veces improvisada... (... ) ... Sería muy injusto juzgar su dinamismo sólo por razones demagógicas o por afán de espectáculo. Ha de creerse que hay razones más hondas que lo expliquen: una prisa febril, una desconfianza del tiempo, un temor al prematuro final, una carrera de velocidad improvisada contra la circunstancia objetiva. Todo ello alimentado por su indiferencia hacia una doctrina política homogéneamente conformada y por la rebeldía de un carácter introvertido, devorador de libros y lanzado de pronto a la vida exterior como un tremendo impacto de fuerzas interiores en lucha". El sociólogo Esteban del Campo subraya el carisma del líder populista: "Sería absurdo negar que, desde su aparecimiento, José María Velasco Ibarra ha descollado en la vida política ecuatoriana debido a cualidades de verdadero líder, a peculiaridades de su personalidad que no han tenido paralelo en nuestra historia contemporánea... (... ) ... El liderazgo carismático de Velasco Ibarra ha tendido hacia un 'bonapartismo' (personalismo independiente de los partidos) tanto más acentuado si tomamos en cuenta la ambigua posición ideológica que le ha caracterizado".


"EL PROFETA"

José María Velasco Ibarra nació en Quito el 11 de marzo de 1893. Su padre, Alejandrino Velasco Sardá, ingeniero formado en la Escuela Politécnica fundada por Gabriel García Moreno, pertenecía a una familia de ascendencia colombiana. Su madre, Delia Ibarra Soberón, influyó en los valores del hijo: "Yo no asistí a la escuela. La geografía, la aritmética, la historia, la gramática, las ciencias, todo me lo enseñó mi madre. Ella fue madre y consejera, maestra e inspiradora de mi vida". Estudió la secundaria en el Seminario Menor San Luis y en el Colegio San Gabriel de los jesuitas, ambos en Quito. A los 29 años de edad se graduó de jurisconsulto en la Universidad Central del Ecuador con una tesis doctoral sobre el sindicalismo. Trabajó en la docencia universitaria, en la secretaría del Consejo de Estado, en la sindicatura de la Municipalidad de Quito y de la Asistencia Pública. Entre 1920 y 1929, con el seudónimo de "Labriolle" escribió ensayos para "El Comercio" de Quito y con su nombre propio, los libros Cuestiones americanas, Democracia y constitucionalismo, Estudios varios, Meditaciones y luchas. En 1930 estudió Filosofía del Arte y Derecho Internacional en la Sorbona y el Colegio de Francia. Ausente aún en Europa, fue elegido diputado por Pichincha. Participó en el Congreso de 1932, donde junto a los conservadores defendió con elocuencia la idoneidad constitucional del presidente electo Neptalí Bonifaz. En el de 1933, impugnó con igual elocuencia e iguales argumentos la incapacidad constitucional del presidente en ejercicio Juan de Dios Martínez Mera, cuya destitución lideró. Aunque más tarde diría "yo no amo el poder, yo amo la gloria", aceptó postularse para la presidencia. Cristianinismo y maquiavelismo se amalgamaban sin sobresaltos en su espíritu: "Jóvenes, guardad el Evangelio bajo la almohada durante la noche y tened el Maquiavelo durante el día", habría de aconsejar más tarde a unos estudiantes de Medicina. Elegido presidente en 1934 y depuesto en 1935, tuvo que exiliarse en la ciudad de Sevilla, en el Valle del Cauca, Colombia, donde para ganarse la vida, enseñó en una escuela. Allí escribió Conciencia y Barbarie, ensayo sobre su primera experiencia presidencial. "El destierro es doloroso, pero moralmente provechoso y sano como todo dolor virilmente sufrido", escribía a un amigo. De Sevilla pasó a radicarse en Buenos Aires. Cada vez que Velasco el político naufragaba, la capital argentina habría de convertirse en el puerto al que recalaría, su lugar de residencia preferido. Divorciado de la ecuatoriana Esther Silva Burbano, contrajo matrimonio con la argentina Corina Parral Durán, que se convirtió en madre, compañera, consejera y puerto afectivo y espiritual de la soledad de "El Profeta" que un día confesó " yo no conozco la melancolía, señor". En 1940 perdió las elecciones. La aviación militar de la Base Aérea Simón Bolívar considerando fraudulento el triunfo de Carlos Arroyo del Río, se sublevó para entregar el Poder al legítimo ganador Velasco Ibarrra. Apresado éste, fue exiliado a Medellín, Colombia, de donde pasó a Buenos Aires y a Santiago de Chile. Desde estas ciudades dirigió la oposición. Luego de la derrota militar de 1941 y del Tratado de Río de Janeiro, pidió la renuncia del presidente ecuatoriano, conformó Alianza Democrática, un frente político que unió las fuerzas populistas, conservadoras, socialistas y comunistas contra Arroyo del Río, y se trasladó a Pasto, Colombia, para esperar la caída del presidente. Consumada la revolución popular del 28 de mayo de 1944 ("La Gloriosa"), Alianza Democrática lo llamó. "El Gran Ausente" fue recibido como un mesías liberador. El pueblo deliraba gozoso. Al cabo de tres años Velasco Ibarra, traicionado por su ministro de Defensa, conoció de nuevo el exilio: Quito, Santiago, Buenos Aires. Corría 1947. Se dedicó de lleno a la docencia del Derecho Constitucional e Internacional en la Universidad de La Plata, Argentina; pero renunció a la cátedra "en defensa de mi dignidad doctrinaria ante las locuras de la señora Perón empeñada en convertir en manicomio lo poco de bueno que queda en América", y se marchó a Caracas, Venezuela, a ganarse la vida enseñando esas mismas materias. En estos años porteños y caraquenses escribió Tragedia humana y cristianismo, que respondía al espíritu existencialista de la cultura europea pero también a su propio desencanto. "Me angustia un poco el futuro de mi vida", confesaba a un amigo. De regreso a Buenos Aires se le aclaró el futuro. Le solicitaban que volviese a postularse a la presidencia. Ganó con facilidad las elecciones, gobernó entre 1952 y 1956 y, entregado el Poder, vivió por unos meses en Ecuador. Una frase de Camilo Ponce Enríquez, su sucesor, mortificó a Velasco, que prefirió retirarse a Montevideo, Uruguay, patria del ensayista José Enrique Rodó, uno de sus ídolos, donde enseñtó por un tiempo. La frase de Ponce fue: "He sido elegido presidente de la República y no síndico de una quiebra". Retornó a Buenos Aires a su cátedra y a su correspondencia, atacó a Ponce y, en noviembre de 1959, decidió aceptar la postulación que para la cuarta presidencia le ofrecían los dirigentes velasquistas de todo el país. Vino, habló y venció. Hizo una campaña apoteósica. Nunca antes su palabra había sonado tan convincente ni su emoción nacionalista había generado tanta electricidad. El 48.7 por ciento de los votantes confió en él. Pero no logró terminar este cuarto período. El Congreso lo sustituyó por el vicepresidente Carlos Julio Arosernena Monroy. Y de nuevo a Buenos Aires. Se dedicó a escribir Caos político en el mundo contemporáneo, Servidumbre y liberación, Filosofía negativa y mística creadora. Este último ensayo publicado póstumamente es una apología de aquellos que luchan por la justicia incluido el "mismísimo Stalin, a más de Ernesto Guevara, Regis Debray y los guerrilleros de Nicaragua". En 1968, reunificado el velasquismo, volvió Velasco y ganó las elecciones. Su pensamiento social se había radicalizado. Al cabo de dos años de gobierno, desconoció la Constitución y asumió todos los poderes a fin de cumplir el mandato que le había dado el pueblo. "¿Qué es la oligarquía?", se preguntaba. Y se respondía: "La supeditación del interés nacional al interés de los detentadores de la plata". Por eso, "si es menester aplastar a la oligarquía para que triunfe la razón, la justicia y el derecho, no vacilaremos en aplastarla". A cinco meses de terminar este quinto mandato fue depuesto por las Fuerzas Armadas en febrero de 1972. Era el Martes de Carnaval. El Miércoles de Ceniza, vía Panarná, volaba a Buenos Aires. Atacó vigorosamente al nuevo Gobierno. Entre 1972 y 1973 dictó varias conferencias en Buenos Aires y Santa Fe. Hasta 1979 se dedicó preferentemente a la lectura de temas teológicos e históricos, a escribir cartas, a pasear por la calle de Florida, a vivir como siempre, y aún más, una vida austera, disciplinada, severa. Seguía con interés el curso de los gobiernos militares. Criticó la fórmula escogida para retornar a la vida democrática. Convocadas las elecciones por el Consejo Supremo de Gobierno (militar), hubo quienes le propusieron comandar el sexto velasquismo. Su respuesta fue tajante: "Yo tengo 84 años, tengo un riñón menos, mi memoria e imaginación retentiva están fallando... Mi edad me obliga a proceder austeramente renunciando a la fatua vanidad". En febrero de 1979 murió su esposa. El periodista argentino Jorge Gotling escribió: "Velasco Ibarra se había despedido de la vida hacía poco más de un mes, en Buenos Aires, el mismo día en que se hizo anciano. La misma tarde en la que un colectivo porteño arrolló a su esposa. Corina Parral le quitó la vida y, simultáneamente, demolió para siempre el espíritu de un luchador inclaudicable". Al mes de enterrar en Quito a su esposa, "el imbatible combatiente, el orador de inteligencia fulgurante, el señor de los pobres, el caudillo civil por excelencia, abandona el mundo de los vivos y en hombros del pueblo es llevado a su última morada", reseña su amigo y partidario Rafael Arízaga Vega. Hizo frío en Quito ese 30 de marzo de 1979. Velasco Ibarra tenía 86 años de edad recién cumplidos.


LA TROMBA

Velasco Ibarra se posesionó el primero de septiembre de 1934 y empezó a gobernar como una triple tromba: de acción, de palabras y de precipitaciones. Nombró un gabinete liberal con un conservador en Relaciones Exteriores. En su primer mensaje al Congreso presentó el plan de Gobierno: garantía a las libertades públicas, respeto a la voluntad popular, laicismo en el sistema educativo oficial, pero benevolencia con la libertad de enseñanza, esto es, con la educación particular predominantemente católica. Pidió al Congreso que aprobara el plan económico elaborado por el banquero guayaquileño Víctor Emilio Estrada, su ministro de Hacienda. Pidió también que estudiara a fondo un plan de Obras Públicas y la refonna de los códigos Civil y Penal más la reforma Judicial. Pero este plan de Gobierno fue, de hecho, entorpecido por la pugna de poderes entre el Ejecutivo y el Legislativo. Los numerosos liberales en el Congreso quisieron propinar a Velasco Ibarra la misma medicina que él había dado a Martínez Mera. No hubo votos de desconfianza, sino un torrente cotidiano de acusaciones mutuas. La Cámara de Diputados rechazó el Plan íntegral de Estrada, quien presentó la renuncia. El Ejecutivo perdía un experto en crisis económica. Velasco se vengó nombrando ministro de Hacienda al principal opositor a ese plan. Se perdió, así, la oportunidad de estabilizar la moneda e iniciar la necesaria reforma económica. El Congreso criticó también la política internacional con Colombia, cuya amistad buscaba el Gobierno. Esta doble pugna generó una lucha entre Velasco Ibarra y la prensa liberal y socialista. El Debate, diario quiteño que defendía los principios conservadores y pretendía que Velasco coartara la enseñanza laica, se convirtió en encarnizado opositor. Velasco se defendía diciendo que él creía que las libertades eran tesis mientras que los conservadores creían que eran hipótesis. Como la oposición liberal articulada por Carlos Arroyo del Río desde el Congreso iba ganado terreno, Velasco apresó al dirigente Navarro Allende y amenazó hacer lo mismo con el poderoso Arroyo del Río. A pesar de la pugna, Velasco Ibarra impuso un ritmo de trabajo y de control, inusitados en la Administración Pública. El presidente aparecía en todas partes, impulsó la agricultura con canales de riego y caminos vecinales, creó el Gimnasio Educacional Femenino -hoy Colegio Veinticuatro de Mayo-, la Escuela Experimental de Tumbaco y la Granja Agrícola de Tulcán; empezó el edificio del Colegio Vicente Rocafuerte y contrató la aduana y el muelle de Guayaquil; reabrió la Escuela Politécnica Nacional, pero desde el 18 de diciembre de 1934 hasta el 18 de febrero de 1935 clausuró la Universidad Central por no responder a la misión de ética y cultura a la que se debía. Éste no fue sino un pretexto semiverdadero para castigarla por la agitación política estudiantil. Acosado por la Asamblea Liberal sectaria en materia de educación, incomprendido por su propio Gabinete que fue totalmente renovado, Velasco acuñó la frase 'la soledad del Poder'. Para mitigarla acudía al pueblo. De esta manera iba a germinar el velasquismo, 'la chusma sublime', la masa 'intuitiva'. Los periodistas más avi-sados de la época -Jorge Reyes, Gerardo Falconí, 'Martense', 'Lucas Noespinto'- predecían que el Congreso destituiría a Velasco. No ocurrió así. Como Arroyo del Río, presidente del Congreso, sabía que el pueblo y también algunos diputados respaldaban al presidente, decidió dar la batalla en el Senado. Y puesto que las barras velasquistas no dejaban sesionar, pidió la intervención del Ejército 'para controlar el orden y proteger la vida de los legisladores'. Ante la negativa del ministro de Defensa, Arroyo suspendió las sesiones del Senado. Velasco, precipitadamente, decretó la disolución del Congreso el 20 de agosto de 1935 y convocó a una Constituyente para el 12 de octubre. La guarnición militar de Quito, antivelasquista, no aceptó el decreto por inconstitucional, apresó al presidente, le obligó a que presentara su renuncia ante el Congreso y entregó el Poder al ministro de Gobierno, Antonio Pons, hasta la terminación del período presidencial en 1938. 'Mi caída fue obra de la oligarquía jacobina y machetera', escribió Velasco en Conciencia y Barbarie. Y acuñó otra frase célebre: 'Me precipité sobre las bayonetas'.
"Si en 1933 Velasco había aparecido como el apóstol del subproletariado, ahora, en mayo de 1944, todos lo vivaron como a redentor" (Agustín Cueva)
SEGUNDA PRESIDENCIA DE JOSÉ MARÍA VELASCO IBARRA

Presidente de la República: 1 de junio a 10 de agosto de 1944. Presidente constitucional: 10 de agosto de 1944 a 30 de marzo de 1946. Presidente de la República: 30 de marzo a 10 de agosto de 1946 Presidente constitucional: 10 de agosto de 1946 a 23 de agosto de 1947. Primera Dama: Corina del Parral Durán. Vicepresidente: Mariano Suárez Veintimilla: 10 de agosto de 1946 a 23 de agosto de 1947. J. M. Velasco Ibarra

ÍDOLO DEL PUEBLO

José María Velasco Ibarra batió tres récords en su segunda presidencia: de popularidad, de dos asambleas constituyentes con dos constituciones, y de viraje violento desde la Izquierda hacia la Derecha. El pueblo esperó días mejores y mayor justicia como los había esperado el cinco de junio de 1895 y el nueve de julio de 1925. Y como en esas dos oportunidades históricas, la esperanza resultó ilusoria. Pero en el 95 la esperanza duró seis años; en el 25, cuatro años; en 1944, tan sólo un año y siete meses. Récord de popularidad. Persuadidos los dirigentes de la ADE de que habría fraude en las elecciones, decidieron ir a la insurrección armada. La directiva de Guayaquil estableció contacto con los oficiales de la guarnición del puerto y resolvió dar el golpe una vez que el fraude hubiese sido consumado. Pero se adelantó la fecha al 28 de mayo porque el Gobierno había descubierto la conspiración. En la noche del 28 de mayo, "la guarnición militar de Guayaquil en unión de miles de ciudadanos, desconoció a sus superiores y los apresó, atacó con fusilería, ametralladoras y cañones el cuartel de Carabineros e incendió el cuartel. Murieron achicharrados cientos de carabineros, aparte de los que murieron víctimas del baleo inmisericorde", recuerda en sus Memorias el liberal arroyista Andrés F. Córdova. Otras ciudades imitaron el ejemplo de Guayaquil. Arroyo del Río renunció ante el Consejo de Estado y tuvo que asilarse en la Legación de Colombia. En Riobamba el pueblo asesinó cruelmente al comandante general de los Carabineros, Manuel Carbo Paredes. En Cuenca fue provocada una manifestación velasquista que pasaba por la casa de la familia Neira Arriola, arroyista. Los manifestantes asaltaron la casa, quemaron los muebles, arrojaron el perro de casa del balcón a la calle, pero no tocaron el dinero que encontraron. Era un castigo, no un saqueo. Puestos de acuerdo los burós directivos de la ADE en Quito y Guayaquil, llamaron a Velasco Ibarra, que fue proclamado presidente de la República en un plebiscito espontáneo jamás visto en la historia del Ecuador. "El caudillo popular recorrió el norte desde Ipiales y cientos de miles de ciudadanos salieron a las carreteras a aplaudir frenéticamente a la persona que simbolizaba para ellos la esperanza y la reconstrucción nacional... El recibimiento en Quito fue una verdadera apoteo-sis...(...)... La revolución del 28 de mayo no fue ni un cuartelazo ni un golpe de Estado. Fue la insurgencia popular contra un estado de cosas intolerable y demostró claramente que el pueblo en armas es invencible", escribe Rafael Arízaga Vega, biógrafo de Velasco Ibarra. Dos nombres se destacaron nítidamente por su liderazgo: el del propio Velasco y el de Francisco Arízaga Luque. El velasquismo había comenzado. MAYO ROJO
Proclamado presidente por el pueblo en mayo-junio de 1944, Velasco convocó a elecciones libres para conformar la Asamblea Constituyente. Estas elecciones llevaron al primer rompimiento de la Alianza Democrática Ecuatoriana (ADE, unión de la Izquierda y de la Derecha), que había luchado por Velasco contra Arroyo del Río. Los partidos Conservador y Frente Democrático abandonaron la ADE y formaron el Frente Electoral Velasquista (FEV). Del total de 92 asambleístas elegidos, 67 pertenecían a la ADE, 23 al FEV y dos eran independientes. Este rompimiento se acentuó cuando en julio de 1944 tuvo lugar un congreso de 600 delegados del la Confederación Ecuatoriana de Obreros Católicos (CE-DOC) y el nueve de agosto de 1944 se constituyó la Confederación de Trabajadores del Ecuador (CPE) con la presencia de 1.036 delegados. Pedro Velasco Ibarra, hermano del presidente e ideólogo y líder de la CEDOC, rechazó el socialismo de la CTE. El sector obrero-artesanal se fraccionó aún más. La Constituyente, expidió la decimoquinta Carta Política. Ésta se inspiró en la Segunda República Española de 1931. Su ideal era "propender a la solidaridad humana" y bautizar la economía en el agua de la justicia. La Carta incorporó los principios del Código del Trabajo de 1938, creó el Tribunal de Garantías Constitucionales y el Tribunal Supremo Electoral, reconoció la autonomía universitaria, se ocupó expresamente del régimen de los municipios y redujo el Congreso a una cámara, la de Diputados, elegidos unos por las provincias y otros, 25, designados por sectores de la sociedad civil (funcionales), entre ellos nueve por la educación, uno por la cultura y uno por los indios. La Carta de 1945 es la mejor redactada de todas. Su buen español fue obra de los diputados Gabriel Cevallos García y Gustavo Vallejo Larrea. Y los discursos de los asambleístas adquirieron un tono nuevo: el de quienes se sabían escuchados por el pueblo alto a través de las ondas de la radio.
Velasco había conformado un Gabinete políticamente equilibrado. Este equilibrio se rompió cuando el conservador Camilo Ponce Enríquez dejó el ministerio de Relaciones Exteriores, el ex comunista Carlos Guevara Moreno pasó al ministerio de Gobierno, el comunista Alfredo Vera ocupó el de Educación y el socialista Alfonso Calderón, el de Previsión Social y Trabajo. Poco duró este predominio de la Izquierda porque los socialistas y comunistas interpretaban el 28 de Mayo como el comienzo de una revolución marxista mientras Velasco lo interpretaba como un triunfo personal: "El 28 de Mayo los pueblos confiaron en mí, en mí principalmente".
La armonía con la Izquierda se deterioró todavía más por la pugna de Poderes. Velasco se opuso a la nueva Constitución por las limitaciones que imponía al Ejecutivo, lo que iba en contra de su invariada convicción a favor de un Ejecutivo poderoso. El 16 de enero de 1945 hubo manifestaciones en Quito a favor del presidente Velasco acusado por Arroyo del Río desde su asilo de Colombia. La ADE concurrió a las manifestaciones para respaldar al presidente y a la Constituyente. La CTE concurrió para lo mismo pero, además, para salvar los ideales (populares) de la Revolución de Mayo. La derecha y los velasquistas concurrieron para apoyar al presidente y pedir la disolución de la Constituyente que intentaba establecer relaciones diplomáticas con la Unión Soviética. Se desencadenó una pelea a palos y piedras. En ese mismo mes Velasco aceptó las renuncias (que no habían sido presentadas) del ministro comunista Alfredo Vera y del socialista Alfonso Calderón. La Izquierda se separó del Gobierno. El crecimiento de las exportaciones favorecido por la Segunda Guerra Mundial, el éxodo de los depósitos de los bancos causado por la Revolución de Mayo, el aumento de la obra pública financiada con préstamos impuestos al Banco Central tuvieron un efecto inflacionario. En 1944 el índice del costo de la vida era de 207 puntos respecto del año base de 1937. En 1945 subió a 268 y en 1946 a 310. Había escasez de alimentos y malestar en el pueblo. Los velasquistas auténticos apoyaban al líder. El ministro de Gobierno, Carlos Guevara Moreno, conocía a los comunistas: había luchado en las brigadas internacionales que ayudaron a los republicanos españoles contra Franco en la Guerra Civil de España (1936-1939), había asimilado del enemigo falangista y del amigo comunista las técnicas de agitación, los desfiles marciales, la persuasión del garrote. En diciembre de 1945 hubo en Guayaquil una "marcha del hambre", duramente reprimida. Crecía también la corrupción. En junio de 1945 Velasco envió una cir-cular a la alta burocracia: "La prensa del país está verdaderamente alarmada por la ola de fraudes y desfalcos que ha estallado en toda la República". Y proponía una medicina voluntarista: "Creed en mí... Para mí, la política es un capítulo de la moral". La situación se había vuelto insostenible. El 30 de marzo de 1946 el Gobierno denunció un complot para derrocarlo. Desterró a varios oficiales del servicio pasivo encabezados por el general Alberto Enríquez Gallo, y a varios dirigentes civiles de la Izquierda. Así concluyó la primera fase de la Revolución de Mayo. MAYO AZUL El pueblo velasquista de Quito y Guayaquil respaldó al presidente: "¡Viva la dictadura de Velasco Ibarra! Abajo los perros socialistas. Velasquistas hasta la muerte". La CTE y los universitarios rechazaron la dictadura. "El Comercio" de Quito la apoyó. "El Universo" de Guayaquil estuvo en contra. La Izquierda y el Partido Liberal, también. El 2 de abril de 1946 fue atacado el periódico socialista "La Tierra" de Quito. El Gobierno convocó a elecciones para una nueva Constituyente. La derecha y los velasquistas participaron, pero la Izquierda y los liberales se abstuvieron por falta de garantías. El pueblo acudió en masa a las urnas: el voto era ya obligatorio. La Asamblea de 1946, presidida por el conservador Mariano Suárez Veintimilla, nombró presidente a Velasco Ibarra hasta septiembre de 1948. Su contrincante fue el derechista Manuel Elicio Flor, uno de los gestores del Código del Trabajo. La Constituyente expidió la decimosexta constitución el 31 de diciembre de 1946. Ésta creó el cargo de vicepresidente de la República, restituyó la cámara del Senado, dio autonomía al Tribunal Supremo Electoral y ratificó la obligatoriedad del voto. Los conservadores intrigaron para que e1 ministro de Gobierno Carlos Guevara Moreno fuese nombrado embajador ante el Gobierno chileno. Sin el apoyo de un político tan sagaz y pragmático y con una inflación creciente, el Gobierno se deterioró. Los ministros cambiados en tres años llegaban a 23. Entre los activos del segundo velasquismo están la creación de un sentimiento nacional, la mística y dignidad que imprimía al ejercicio del Poder, la libertad de sufragio y los instrumentos jurídico-administrativos para defenderla, la tesis de la revisión del Tratado de Río de Janeiro que no pudo ser propuesta en Brasil donde se hallaba el canciller ecuatoriano José Vicente Trujillo, pues había dejado de serlo por el golpe de Mancheno; la libertad de enseñanza para los establecimientos particulares, la Ley de Escalafón y Sueldos del Magisterio Nacional, el ingreso a Naciones Unidas, la Casa de la Cultura, la Universidad Católica de Quito, el apoyo a la CTE, el fortalecimiento de las Fuerzas Armadas y de la Policía, el plan vial, los programas de regadío y el ingreso a la Flota Mercante Grancolombiana. Entre los pasivos sobresalen el irrespeto a la Constitución y a los partidos políticos, el voluntarismo, el estilo irrespetuoso con que se deshizo de algunos ministros, la represión a la prensa y a los adversarios, las duras medidas contra Arroyo del Río, la prisión del ex canciller Julio Tobar Donoso y la persecución a los arroyistas, la improvisación en asuntos económicos, el aumento de la corrupción entre algunos de sus colaboradores, la represa de Santa Elena -costosa y mal hecha- y la precipitada nacionalización de los Ferrocarriles. La caída de Velasco obedeció a la naturaleza carismática del velasquismo no organizado.Con el pretexto de que "el país entero estaba de pie contra el régimen personalista del doctor Velasco Ibarra y (de que) el Gobierno era incapaz para afrontar y resolver la crisis económica", el ministro de Defensa coronel Carlos Mancheno Cajas derrocó a Velasco Ibarra el 23 de agosto de 1947 y lo desterró a Chile; pero el Ejército constitucionalista comandado por el coronel Ángel Baquero Dávila derrotó a Mancheno en la escaramuza de El Socavón (Ambato) y devolvió el Poder al vicepresidente Mariano Suárez Veintimilla. Suárez convocó un Congreso Extraordinario ante el cual renunció como lo había convenido con los militares. Hubo dos candidatos para la presidencia interina de la República: Andrés F. Córdova y Carlos Julio Arosemena Tola. Luego de votaciones parejas, Córdova renunció a su candidatura y apoyó la de Arosemena Tola.


TERCERA PRRESIDENCIA DE JOSÉ MARÍA VELASCO IBARRA


Buenos Aires, 1951. Velasco Ibarra sobrevivía con las modestas regalías de su último libro. Pese a que desde diciembre de 1951 le pedían de Ecuador que volviera, el ex presidente se consideraba a sí mismo un cadáver político. El panorama electoral no le favorecía: el carismático Guevara Moreno y el brillante teórico de la C.F.P., Rafael Coello Serrano, tenían a Guayaquil en sus redes. Guevara había ganado la alcaldía de esa ciudad y nadie podría vencerlo porque los demás partidos andaban divididos: el Conservador oscilaba entre el aristocratizante y moderado Enrique Arízaga Toral y el duro Ruperto Alarcón Falconí, los liberales vacilaban entre seguir a la Junta Suprema del partido u obrar con independencia, y el Partido Socialista no era sino la cola democrática del bicéfalo liberalismo. El Partido Comunista nada pintaba en las elecciones. Velasco Ibarra Pero nadie contaba con el ascenso de una generación velasquista de brillantes políticos como Carlos Julio Arosemena Monroy, Alfredo Chiriboga, Rafael Arízaga Vega, Francisco Boloña Martínez, entre muchos otros. Estos sabían que las bases cefepistas tenían corazón velasquista. Y Guevara lo sabía también. Si Velasco como presidente le apoyaba en la alcaldía, se podía llegar a un acuerdo. Así nació la candidatura de Velasco para la tercera presidencia. Y el Gran Deseado de las Gentes vino, habló y nuevamente venció. El presidente Galo Plaza se mostró imparcial en la campaña aunque la Policía disparó contra pacíficas manifestaciones velas-quistas en Guayaquil, Cuenca y Quito. Velasco apoyado por el velasquismo, la C.F.P., ARNE, y disidentes conservadores triunfó con 153.945 votos. Ruperto Alarcón tuvo 118.397. José Ricardo Chiriboga, liberal, popular en Quito, 67.366 y el marqués de San José, Modesto Larrea Jijón, por los liberales disidentes y los socialistas, 18.248 votos. Velasco inició su Gobierno con un Gabinete integrado casi en su totalidad por dirigentes de su campaña electoral. La derecha dominaba el Senado. La cámara de diputados se repartía entre una insegura mayoría velasquista y una incómoda alianza de liberales, conservadores y cefepistas. Guevara lideró una oposición violenta hasta que fue apresado y desterrado más por la acción de Carlos Julio Arosemena, ministro de Defensa, que por la del propio ministro de Gobierno, pronto reemplazado por Camilo Ponce Enríquez, fundador del Movimiento Social Cristiano. Con este nombramiento, Velasco mostraba su independencia y neutralizaba la oposición conservadora. Ponce le fue útil a Velasco que necesitaba de un ministro enérgico e inteligente, pero también le causó dolores de cabeza con la teoría de que el Gobierno tenía facultades implícitas y el pueblo sólo derechos potenciales y con la clausura de los diarios "El Comercio" y "últimas Noticias" y de "Radio Quito", todas del grupo de la familia Mantilla. La versión de Salvador Lara atribuye la clausura al propio Velasco Ibarra. Ponce, según ella, habría cargado lealmente con este muerto. En cualquier caso, Ponce en carta a Velasco Ibarra dejó ver sus senti-mientos: "'El Comercio' es una constante fuente de intriga y de maldad que... influye, desconcierta y envenena a infinidad de personas". La prensa nacional protestó y 10 mil quiteños pidieron que se levantara la clausura. Cuando Ponce se candidatizó a la presidencia, Pedro Concha Enríquez ocupó el ministerio de Gobierno. En su fugaz administración ocurrió el ultraje al columnista "Juan sin Cielo" (Alejandro Carrión) de "El Universo", que criticaba al régimen unas veces con razones y otras sin ellas. Pese a que hacia 1955 disminuyeron las exportaciones por causas externas al Ecuador, Velasco pudo realizar una obra de mayor envergadura que en sus anteriores mandatos: el primer plan vial orgánicamente concebido, numerosas construcciones para escuelas y colegios, el equipamiento de las Fuerzas Armadas de tierra, mar y aire con armamento moderno, obras de regadío y la creación de la Junta de Planificación y Coordinación Económica. Velasco tuvo una valiente política inter-nacional al protestar por el golpe de Estado submovido por los Estados Unidos contra el gobierno legítimo de Guatemala so pretexto de combatir el comunismo. El último ministro de Gobierno de Velasco, Rafael Arízaga Vega, obró con sagacidad en la virulenta campaña electoral de la que salió vencedor Camilo Ponce Enríquez.
CUARTA PRESIDENCIA DE JOSÉ MARÍA VELAZCO IBARRA

La década de 1960 empezó con la crisis del comercio exterior: en 1961 bajaron las exportaciones del banano en un 5.8 y las del café en un 20 por ciento. El ingreso per cápita disminuyó en un 1.1 y la parte de la producción nacional destinada a sueldos y salarios se redujo en 1.5 por ciento. Los precios internos subieron vertiginosamente. De no arbitrarse medidas, la crisis "adquirirá una complicación tan severa que... podría traducirse en graves conflictos sociales...", advertía el gerente del Banco Central en la Memoria de 1961. Velasco Ibarra A esta crisis se sumó el efecto político e idealista de la Revolución Cubana y la acción de los Estados Unidos para contrarrestarla en todo el continente. Aunque el fervor revolucionario empezaba a borbotar, el marxismo ecuatoriano se dividió. El Partido Comunista, luego del fracaso de las elecciones de 1960, pudo retener a las bases obreras y campesinas, pero perdió la dirección de la Unión Revolucionaria de la Juventud Ecuatoriana que se ilusionó pensando que "el izquierdismo era el remedio contra la enfermedad senil del comunismo", que la revolución estaba al alcance de la mano y que había que acelerar su advenimiento a través de acciones coyunturales y descabezamientos culturales que no hicieron sino alarmar a la Derecha. En este escenario que empezaba a perfilarse actuó el cuarto velasquismo. El hecho de que los velasquistas hubieran triunfado en varias elecciones seccionales y de que la represión poncista de junio de 1959 en Guayaquil hubiera exacerbado el malestar del pueblo por la crisis económica, movió a los líderes velasquistas a proponer a Velasco una nueva candidatura. Éste, residente en su eterna Buenos Aires, se resistía pero al fin lo convencieron: "El velasquismo con usted en 1960 es invencible", le había escrito Carlos Julio Arosemena Monroy. Lanzada la candidatura de Velasco y la de Carlos Julio Arosemena para vicepresidente, se vio que el binomio era ciertamente invencible. Terciaron en la contienda Galo Plaza Lasso por los liberales, Antonio Parra Velasco y Benjamín Carrión por la Izquierda y el cefepismo, Gonzalo Cordero Crespo por la Derecha. La campaña fue violenta, de una violencia de los velasquistas contra el presidente Ponce y de éste contra los velasquistas. Una violencia sobre todo verbal. Velasco triunfó en 11 provincias con el 48.77 por ciento de los votos (373.811). Plaza obtuvo 175.076 votos; Cordero Crespo, 172.690 y Parra Velasco, 46.173 votos. Ante triunfo tan contundente Ponce viajó a Europa, Plaza a los Estados Unidos, Guevara renunció la dirección de la C.F.P. y se marchó a México. El primer acto de Velasco Ibarra fue declarar nulo el Protocolo de Río de Janei-ro, firmado a la fuerza. Hubo alborozo en Ecuador, indignación en Perú y preocupación en América. Propuso la reforma agraria como comienzo de un cambio estructural pero su propuesta no tuvo eco pese a que Velasco contaba con mayoría en el Congreso. Pronto estalló la crisis fiscal y con ella el malestar del pueblo, la agitación estudiantil y un germen de división entre el vicepresidente y el presidente, pues Velasco se había dejado aprisionar por un pequeño grupo oligárquico. A mediados de 1961 se rompió la unidad del Gobierno con las críticas del vicepresidente a ese grupo de "hombres enloquecidos por el dinero" y por el desconcierto que causó la visita de Arosemena y un grupo de legisladores a la Unión Soviética. En julio de 1961, Velasco unificó el tipo de cambio desvalorizando el sucre, medida necesaria pero tardíamente tomada. Criticada por el pueblo, la medida resquebrajó más aún el frente interno ya violentamente dividido en el Congreso. Los hechos se precipitaron. El presidente viajó a Cuenca para la celebración del Tres de Noviembre y Cuenca no lo quiso recibir. El vicepresidente de la República y presidente del Parlamento acusó al régimen de haber intentado asesinarle en una balacera entre las barras opuestas del Congreso, hecha por Arosemena. Velasco ordenó la prisión del Vicepresidente, de varios legisladores y de dirigentes de la oposición, entre ellos Assad Bucaram, nuevo jefe de la C.F.P. El batallón Chimborazo, acantonado en Quito, se sublevó contra estas medidas del presidente, y aunque la sublevación fue prontamente sofocada, las Fuerzas Armadas depusieron a Velasco y encargaron el Poder al presidente de la Corte Suprema de Justicia, Camilo Gallegos Toledo. Éste no tuvo tiempo para gobernar porque la Fuerza Aérea con vuelos rasantes sobre el palacio del Congreso intervino a favor del vicepresidente preso mientras el Ejército bloqueaba con tanques el Parlamento. Los legisladores, presionados y respondiendo también al sentir de los estudiantes y de la ciudadanía, proclamaron presidente a Arosemena, quien pasó del penal García Moreno al palacio de Carondelet en nombre de la Constitución y del peso de 12 años de tradición democrática que inhibió a los militares de tomarse entonces el Poder. Así acabó el cuarto velasquismo que había puesto en marcha el segundo plan vial, fundado el Banco de la Vivienda, iniciado el mutualismo de ahorro y crédito, establecido la empresa de cemento Guapán y protestado por la invasión a Cuba por mercenarios respaldados desde Wáshington.
"El velasquismo sólo ha satisfecho las aspiraciones del sector especulador de la burguesía ... Es este sector el que ha ´ financiado´ las campañas electorales de Velasco Ibarra" (Agustín Cueva,"El proceso de dominación política en Ecuador")

QUINTA PRESIDENCIA DE JOSÉ MARÍA VELASCO IBARRA

Período Presidencial: 1 de septiembre de 1968 a 22 de junio de 1970. Período Presidencial Dictatorial: 22 de junio de 1970 a 16 de febrero de 1972. Primera Dama: Corina Parral Durán. Vicepresidente: Jorge Zabala Baquerizo: 1 de septiembre de 1968 a 22 de junio de 1970. José María Velasco Ibarra "ELECCIONES BÁRBARAMENTE LIBRES" Tres ex presidentes terciaron en las elecciones al amparo del pacto de 1966 y de la Constitución de 1967. Triunfó Velasco Ibarra con 279.656 votos (32.8 por ciento), seguido por Andrés F. Córdova, candidato del liberalismo, de la CFP y de sectores socialistas con 263.861 votos (31 por ciento). El candidato vicepresidencial de este binomio, Jorge Zavala Baquerizo, triunfó y ocupó la vicepresidencia cuya única función era la de reemplazar al presidente en caso necesario. Camilo Ponce Enríquez por la Derecha socialcristiana y conservadora tuvo 258.953 votos (30 por ciento), Jorge Crespo Toral por la Derecha arnista y nacionalista, 31.914, y Elías Gallegos Anda 16.965 votos de los comunistas, socialistas y otros sectores de la Izquierda.

El Tribunal Supremo Electoral tuvo un arduo trabajo al escrutar los votos velasquistas y cordovistas. Andrés F. Córdova anota en sus Memorias: "Según el sistema legal vigente tocaba al Congreso por moción de cualquier legislador revisar el escrutinio", pero nadie lo pidió. "Los liberales... hicieron un arreglo a nivel parlamentario que era el que necesitaba el velasquismo para afianzar el resultado alcanzado en el Tribunal. Este es el convenio que el pueblo condenó y apodó como Pacto Mordoré". Por este motivo Rodrigo Borja Cevallos se desafilió del liberalismo y fundó en 1970 el partido Izquierda Democrática.
EL BANQUETE POLÍTICO
Durante las administraciones de la Junta Militar y de Otto Arosemena se habían formado o renovado algunos partidos políticos. En tiempo de los militares nacieron los partidos Socialista Revolucionario Ecuatoriano (PSRE), Democracia Cristiana, Coalición Institucionalista Demócrata (CID) y Marxista Leninista Ecuatoriano (PCML). En tiempos de Arosemena Gómez había nacido la Unión Democrática, se había reunificado un sector del antiguo Partido Socialista, y creado la Confederación de Servidores Públicos y la Federación de Estudiantes Universitarios de las universidades católicas (FEUCE). En 1968 la Federación Nacional Velasquista se constituyó como partido político y en ese mismo año se fundó el Frente Radical Alfarista. "A partir de la fundación de la FEUE nacional", dice el cientista político Osvaldo Hurtado, "el movimiento estudiantil se politiza paulatinamente y se convierte en uno de los grupos de presión más influyentes de la vida nacional, sobre todo en los años siguientes a la Revolución Cubana, llegando el proceso de radicalización a su clímax a fines de la década de los sesenta cuando los estudiantes suman a sus preocupaciones estrictamente gremiales un interés acumulado por la sociedad que los rodea, y la Universidad se convierte en la "conciencia social de la Nación". Pero el ideologismo y el revolucionarismo que prevalecen en la Universidad no permiten a los estudiantes apreciar correctamente las condiciones objetivas del país. Sin contactos directos con los problemas populares y fuertemente influidos por teorizaciones librescas, los estudiantes se enajenan de la realidad nacional a la que diagnostican como quisieran que fuese y no como es en los hechos". "El festín del petróleo" estaba servido en la mesa del decenio de 1970. En torno a la mesa se reagruparon los sectores sociales y políticos. El boom bananero y la política de una industrialización sustitutiva de las importaciones había fortalecido a la burguesía. Orientada a la exportación y al servicio del consumo interno de las clases con dinero, el sector mayoritario de la burguesía seguía siendo no nacionalista. Frente a ella se sentaban las Fuerzas Armadas aliadas con la tecnocracia y con la Izquierda moderada reformista. Las Fuerzas Armadas miraban con interés la reforma nacionalista iniciada por el general peruano Juan Velasco Alvarado en 1968. Más abajo de la cabecera de la mesa, estaban los populismos velasquista antioligárquico y assadista que encarnaban desestructurados anhelos de cambio. En las galerías que miraban a la mesa del banquete, los anhelos de una juventud numerosa y emergente que reclamaba participar y llegar al festín por el atajo de la reforma universitaria y la presión política. Y reprobando el festín la nueva Iglesia liberacionista y contestataria. Presidía la mesa un desencantado Velasco Ibarra, árbitro de la reforma. EL ANTIOLIGARCA Procurar la igualdad económica y social, eliminar las condiciones humillantes en que vive el campesino, vigilar los contratos petroleros, fomentar la renovación de los partidos políticos hacia una convergencia nacional en un Ecuador que se sume en una crisis de desarticulación a fondo y centralizar la administración suprimiendo la dispersión de las entidades autónomas fue el condumio del discurso que Velasco Ibarra pronunció en el Congreso al posesionarse del Mando.

Apoyado en el Congreso por los liberales mordoreses, Velasco movió al pueblo a luchar contra la oligarquía a la que no "vacilaré en aplastar si es necesario para que triunfen la razón, la justicia y el derecho".
La primera derrota de Velasco fue la caída del ministro de Agricultura, Pedro Menéndez Gilbert, que había inspirado un decreto de gravamen a las exportaciones de azúcar. La segunda fue la caída del ministro de Finanzas, Luis Guzmán Vanegas, empeñado en aumentar en 600 millones de sucres la recaudación del impuesto a la renta para remediar un déficit fiscal y de caja de 1.400 millones de sucres. Guzmán hizo publicar los montos del pago de la Renta. La institución que más aportaba era el First National City Bank. Entre las personas que más pagaban estaban la familia Rosales Aspiazu y Manuel Jijón Flores (un millón de sucres), del Partido Conservador. Entre las que menos contribuían como renta personal estaban los potentados guayaquileños Juan X. Marcos (15 mil sucres) y Luis Noboa Naranjo (3.780 sucres). Cuatro ministros de Finanzas se sucedieron entre 1968 y 1970. El segundo cayó por inexperto. El tercero atacó el contrabando y a través del director general de Aduanas, mayor Vicente Mata, condenó a dos años de prisión al ex cuatriviro general Guillermo Frreile Posso por un cuantioso contrabando aéreo. El condenado apeló de la sentencia. La población crecía más rápidamente que las rentas, pues el 20 por ciento de las empresas de Pichincha y Guayas contribuían con más de cien mil sucres cada una, el 80 por ciento con menos de cien mil sucres y el 50 por ciento de todas las empresas del Ecuador con menos de 25 mil sucres al año.

El cuarto ministro, Luis Gómez Izquierdo, reformista cristiano, anunció que el déficit fiscal andaba por los 2.538 millones de sucres. Gómez Izquierdo inspiró cuatro decretos ejecutivos sustentados en el artículo 250 de la Ley de Hacienda a fin de recaudar 460 millones de sucres. Los decretos levantaban parcialmente las exoneraciones previstas en la Ley de Fomento Industrial, gravaban las importaciones, cobraban la plusvalía de los terrenos beneficiados por obras de vialidad y mejoras públicas, cobraban un impuesto del cuatro por ciento a las ventas y elevaban los recargos de estabilización monetaria. Liderados por las fuerzas oligárquicas, los sectores que debían pagar se opusieron a los decretos y demandaron su inconstitucionalidad ante la Corte Suprema de Justicia. Era mayo de 1970. Mientras tanto Velasco Ibarra ordenó revisar los contratos de 1964 con la Texaco-Gulf sobre regalías del petróleo y derechos superficiarios y logró reformas más beneficiosas para el Ecuador. Revocó la entrega de cerca de un millón de hectáreas a la Texaco, expidió la Ley de Hidrocarburos (197l), creó la Corporación de Yacimientos Petrolíferos Fiscales e inició la construcción del oleoducto Balao-Esmeraldas. Pidió que se reformara la Ley Agraria de 1964, pero el Congreso desoyó esta demanda. Ya de dictador, Velasco Ibarra abolió el trabajo precario en la agricultura y estableció un trámite de afectación de tierras bastante ágil. La Ley fue violentamente combatida por la Cámara de Agricultura y por el diario El Tiempo de Quito.

En mayo de 1969, los liberales habían retirado su colaboración a Velasco Ibarra, quien para no quedarse solo se acercó a Assad Bucaram, hombre fuerte en Guayaquil. La petición de reformas a la Constitución para dar más poder al Ejecutivo y ciertas desavenencias con los legisladores en torno al presupuesto general causaron una pugna de Poderes entre el presidente y el Congreso. La pugna se agravó en el resto de 1969 y durante los primeros cinco meses de 1970. A esta crisis política se sumó el distanciamiento del vicepresidente, comprometido por declaraciones antivelasquistas del sector liberal y por sus propias críticas al Gobierno por la contratación del oleoducto sin el requisito de la licitación. Se iba creando un clima general de intranquilidad en el campo por la pobreza, y en las universidades por la campaña en pro del libre ingreso para los bachilleres titulados y por la represión violenta a las manifestaciones estudiantiles. La lucha para reducir las 1.336 entidades autónomas que parcelaban la administración pública en feudos independientes resintió a las provincias y a los probables afectados. Se multiplicaban las huelgas, las tomas de locales, las invasiones de tierras y la agitación estudiantil. La balanza del comercio en 1970 deficitó en 84 millones de dólares. Pese a que el ejercicio financiero de 1969 había gastado mil millones de sucres no financiados, el Congreso aprobó en 1970 un presupuesto desfinanciado en más de dos mil millones. La inflación del tres por ciento anual de 1968 había subido a 5.2 en 1969 y a 5.6 en 1970, mientras la tasa anual del producto interno bruto había disminuido de cuatro en 1968 a 2.3 en 1969. En suma, Ecuador se hallaba en crisis administrativa, económica y social. Este cúmulo de circunstancias provocó una crisis política que estalló el 22 de junio de 1970 Para arreglar este conjunto desequilibrado, Velasco Ibarra optó por la dictadura. Se había convencido de que no podía gobernar constitucionalmente dada la insuficiencia de las leyes. LA DICTADURA CIVIL Accediendo a la solicitud "patriótica, comprensiva y unánime de las Fuerzas Armadas Nacionales", Velasco Ibarra asumió la plenitud de poderes el mismo 22 de junio de 1970 y desconoció la Constitución vigente con el propósito de "regularizar la vida del Estado y poner bases de justicia social y vigor nacional". La etapa dictatorial duró un año y siete meses en los que el Gobierno reprimió a la oposición, a los medios de comunicación y a las universidades y no halló otra fórmula para restablecer el régimen de derecho que convocar a elecciones bajo la Constitución de 1946 a la que añadió dictatorialmente algunas reformas. La dictadura velasquista devaluó la moneda de 20.22 a 25 sucres el dólar. Suprimió la autonomía de la Autoridad Portuaria de Guayaquil y del Comité Ejecutivo de Vialidad del Guayas, aprisionó al alcalde electo de Guayaquil, Francisco Huerta Montalvo, y desterró a Panamá al prefecto provincial electo, Assad Bucaram. Ocupó las universidades estatales de Quito y Guayaquil y cortó los programas de comentarios y discusión política del Canal Dos de Guayaquil. Los agentes del Gobierno reprimieron a estudiantes, sindicalistas y opositores políticos y en algunos casos extremos torturaron a activistas estudiantiles. Pero la economía no convaleció, la balanza comercial de 1971 tuvo un déficit de 141 millones de dólares, creció el servicio de la deuda externa y hubo corrupción en el Banco Ecuatoriano de la Vivienda. En el orden internacional la dictadura civil de Velasco Ibarra defendió la soberanía frente a la incursión de barcos piratas atuneros usamericanos en aguas territoriales por lo que llevó a los Estados Unidos al banquillo de los acusados en la OEA. Ecuador votó por el ingreso de la República Popular China a la ONU y fortaleció las relaciones diplomáticas y comerciales con los países socialistas. Pese a la crisis y contribuyendo a ella, la obra pública del quinto velasquismo especialmente en vialidad, educación superior, electrificación, telecomunicaciones y oleoducto fue considerable. ASONADA MILITAR El 29 de marzo de 1971, el general Luis Jácome Chávez, director de la Academia de Guerra, comandó un levantamiento militar en la hacienda "La Balbina" con el fin de exigir la salida del ministro de Defensa, Jorge Acosta Velasco, por supuesta conspiración para apoderarse del Poder. Acosta había dado de baja a 39 oficiales de la Academia de Guerra. Cuando Jácome y siete oficiales aceptaron parlamentar, fueron apresados y conducidos al Penal García Moreno. Sintiéndose seguro, Velasco respaldó al ministro. Pero la guarnición de El Oro, plaza militar importante, exigió la renuncia de Acosta y la libertad de los detenidos. Hubo una reunión urgente de altos oficiales en el Colegio Militar Eloy Alfaro, dirigida por el general de Brigada Guillermo Rodríguez Lara. Velasco Ibarra estuvo a punto de caer, pero faltó decisión en los militares. Según Vistazo, Jácome (liberado ya) perdió la partida por no llegar un poco antes al Colegio Militar. Velasco conservó el Poder, pero sacrificó a su sobrino el ministro de Defensa Jorge Acosta a quien promovió a embajador en Madrid, nombró comandante general del Ejército a Rodríguez Lara y ministro de Defensa a Luis Robles Plaza. El régimen quedó debilitado. Velasco pudo continuar gracias a la habilidad política y a las buenas relaciones públicas del nuevo ministro de Defensa. El 25 de mayo de ese año, la ciudad de Tulcán (Carchi) se declaró en huelga contra una tasa de dos sucres por peaje en la frontera con Colombia. Los carchenses estaban furiosos porque Velasco Ibarra había calificado de "asesinos escandalosos" a las autoridades de la ciudad y de la provincia. Dos mil efectivos militares debieron ocupar la ciudad. El régimen se debilitó aún más.
La dictadura civil había planteado un plebiscito para retornar al orden constitucional. Los ciudadanos debían votar por la Carta Política (conservadora) de 1946 y por algunas reformas a esa carta. Se atribuía unilateralmente a la Constitución de 1946 el mérito de la estabilidad política entre 1948 y 1960. Meses después, la dictadura velasquista añadió al plebiscito la convocación a elecciones generales para junio de 1972.
Velasco Ibarra permitió que Assad Bucaram volviera a Ecuador. El líder populista regresaba aureolado por la persecución de la dictadura. Pronto se convirtió en el candidato con más oportunidad de ganar las elecciones presidenciales de 1972. A su carisma, unía la calidad de candidato del pueblo. Los viejos políticos cuyo apetito se había aguzado por el anunciado banquete del petróleo buscaban eliminarlo de la lid. Ellos querían más bien un gobierno provisorio y para lograr sus propósitos formaron un Frente de Restauración Nacional. Velasco clamaba contra "los politicastros fracasados". El ministro de Gobierno Jaime Nebot Velasco presentó documentos que "atestiguaban" que Assad Bucaram no era el Assad nacido en Ambato, Ecuador, sino un ciudadano oriundo de Líbano que respondía al nombre de Fortunato Khoury Buraye. El ardid no prosperó y Nebot debió abandonar el ministerio. El caso de la nacionalidad de Bucaram fue a la Corte Suprema de Justicia, pero los magistrados se amedrentaron cuando Bucaram pronosticó que el pueblo "pasaría por sobre los cráneos de los ministros" si aceptaban declararlo extranjero. Bucaram había sorteado un nuevo peligro. Sin embargo, la lucha por eliminarlo de la contienda política continuó: Camilo Ponce Enríquez, la inteligencia de la Derecha, que había dicho que derrotaría a Bucaram y lo reenviaría a vender casimires (en las calles), pedía ahora suspender las elecciones y el 9 de febrero de 1972 y declaraba que acudiría a todos los medios para impedir que Bucaram fuera presidente. Velasco repetía que Bucaram "no tenía alma ecuatoriana, corazón ecuatoriano, raíz ecuatoriana". Velasco quiso manipular a los militares para sacar a Bucaram del proceso electoral, pero no logró ese apoyo. Al fin se resignó ante un Bucaram cada vez más popular. La revista Mensajero de Quito, respetada por sus análisis políticos muy independientes, nombró a Bucaram "Hombre del Año". Es probable que esta circunstancia electoral influyó en que los militares aceleraran el golpe de Estado: la perspectiva de un Ecuador en manos del populismo precisamente cuando iba a comenzar la bonanza petrolera no entraba en el reinante nacionalismo de las Fuerzas Armadas.
Enredado en los hilos de su desconcierto y en las asechanzas de sus colaboradores para impedir el triunfo del candidato cefepista Assad Bucaram, Velasco Ibarra se precipitó por cuarta vez al abismo de su propio autoritarismo. Las Fuerzas Armadas dieron un golpe de Estado el 15 de febrero de 1972, martes de Carnaval. El comadante general del Ejército, Guillermo Rodríguez Lara, asumió el Poder en nombre de las Fuerzas Armadas y proclamó una revolución nacionalista. Ecuador iba a conocer la más larga dictadura militar de su historia republicana: siete años, cinco meses y 25 días. El golpe militar del 15 de febrero de 1972 sorprendió en Quito a Velasco Ibarra que se trasladó a Guayaquil para desde el Canal Diez de la televisión denunciar el golpe y hábilmente concitarse el apoyo de los bucaramistas. Pero los marinos eran los más ardientes defensores de un cambio y venían preparándose para él, asesorados por diversos académicos entre ellos algunos antiguos sacerdotes jesuitas que se habían laicizado y conocidas figuras de la Universidad Católica de Guayaquil, del sindicalismo cristiano y del reformismo como Pedro Aguayo Cubillo, Oscar Loor, Ramiro Larrea Santos y Luis Gómez Izquierdo. Los marinos no permitieron que Velasco Ibarra se dirigiera a los ecuatorianos. Al día siguiente lo desterraron a Panamá. Desde allí Velasco volvió a Buenos Aires. PAG INICIAL