JUAN(1801-1864)
Eres el adalid a quien dio los cielos valor, consejo, previsión, audacia"/, dijo de Flores el poeta José J Olmedo PRIMERA PRESIDENCIA DE JUAN JOSÉ FLORES Jefe Supremo: 13 de mayo a 14 de agosto de 1830. Presidente Provisional: 14 de agosto a 11 de septiembre de 1830. Período Presidencial: 22 de septiembre de 1830 a 10 de septiembre de 1834. Primera Dama: Mercedes Jijón Vivanco. Vicepresidente: José Joaquín Olmedo: 11 de septiembre de 1830 a 22 de octubre de 1831. José Modesto Larrea: por el resto del período.

FUNDADOR DE LA REPÚBLICA




"Fundador de la República" y Padre de la Patria": así reza un fragmento de su epitafio en la catedral de Quito. Sus restos reposan frente a los de Antonio José de Sucre. Según susurra todavía una leyenda, Flores había tenido parte en el asesinato del Gran Mariscal Sucre. Al eliminarlo, Flores quitaba de en medio al candidato más probable para ocupar la presidencia de la naciente República del Ecuador. Pero el argumento esgrimido contra Flores: "Le convino asesinar; por tanto, él lo asesinó" nada prueba. Tampoco hay documentación sólida que condene a Flores. Su visión política, su voluntad de poder, su pasado heroico, su amor al dinero lo convirtieron en el líder de la República entre 1830 y 1845 y en referente histórico el resto de su vida. Flores tiene la grandeza y la incoherencia de algunos personajes de Shakespeare. Una mujer humilde lo trajo al mundo a orillas del Caribe venezolano. "Mi padre fue un europeo rico y distinguido", aclaró el Fundador ya en la plenitud del poder. Alférez a los 15 años y general de División a los 29, a raíz del triunfo en Tarqui (1829) sobre las fuerzas invasoras del Perú. Sobresalió por su valor y talento militar en 83 combates, entre ellos Bomboná y Carabobo, importantes para la independencia de Colombia y Venezuela. Simón Bolívar le otorgó su afecto. Una aristócrata quiteña entroncada con el poder terrateniente de la Sierra centro-norte lo aceptó por esposo. El mestizo había triunfado en la guerra y el amor. Y se tomó la plaza fuerte de la hacienda, clave del poder político hasta 1895. El carácter complejo de Flores le venía, probablemente, de su identidad mestiza y de su conciencia de extranjero. El Fundador vivía en un país que le otorgó por decreto la nacionalidad a título de gratitud. Su natural era inteligente, generoso, afable, liberal, chanceador. Caía bien. Los modelos políticos de su juventud fueron la Revolución Francesa, la Democracia Usaíta, el Parlamentarismo Británico entrevistos en el trato con Bolívar y los generales británicos de la Independencia. Flores era el Caribe. Un caribeño ubicado por olfato, ambición y las circunstancias de la hora en los salones de la aristocracia quiteña y puesto al frente de un Estado inverosímil. El caribeño adoptó los aires de gran señor serrano: de apenas escolarizado llegó a mediano poeta y conocedor de la historia de Roma y Napoleón. Tuvo por maestro de su educación continua a su compadre, el poeta José Joaquín Olmedo. La Universidad Central de Quito le concedió un doctorado honoris causa. La fragmentación de un país sin identidad nacional unitaria lo empujó al caudillaje. Su hábitat natural eran sus camaradas militares de Colombia, Venezuela, Chile, Irlanda y Gran Bretaña. Su deuda social era con la familia de su esposa. Gobernó con ambos grupos. Los aires de la aristocracia barroca lo volvieron contemporizador, fácil en ofrecer, astuto para sobrevivir. La adulación se le subió a la cabeza: llegó a creerse indispensable. A este caribeño aquiteñizado y jovencito de 30 años, le cupo la tarea de los dioses fundadores: dar forma de Estado a un país tripartito.


EL PAÍS




Quito, Cuenca y Guayaquil decidieron anexarse a la Gran Colombia en 1822. Durante la Colonia (1563- 1809- 1820 -1822), bajo el nombre de Real Audiencia de Quito, esas tres regiones fornaron parte, sucesivamente, de los virreinatos de Lima, Nueva Granada, y Lima. A fines del período colonial (1802), la Audiencia fue repartida entre Lima y Nueva Granada. Las reales Audiencias eran jurisdicciones administrativas de tercera categoría. Pero Quito había sido un centro de cultura y arte y fue la primera ciudad latinoamericana que se proclamó independiente; Guayaquil era un puerto activo, rico y muy consciente de su autonomía regional. Ecuador comenzaba, pues, su vida soberana en 1830 con la experiencia negativa del centralismo virreinal y grancolombiano y sin la experiencia positiva de una administración de primera jerarquía. Para ir de Guayaquil a Quito se gastaban 14 días; de Quito a Cuenca, otros 14; de Cuenca a Guayaquil, cinco, y cinco de Tulcán a Quito. De Loja se iba más fácilmente a Piura que no a Cuenca. La vía Quito-Riobamba se hallaba deteriorada. Ecuador comenzaba su vida soberana con un país desvertebrado y mal comunicado. La Sierra centro-norte formaba una unidad geográfica, ecológica y política. Se mantenía de una agricultura de subsistencia con un buen mercado interno potencial y sufría la crisis de su 'industria' textil a causa de la competencia del libre comercio. La Sierra sur vivía de la agricultura, la pequeña minería, los tejidos, las artesanías, la cascarilla y el ganado. Su economía se hallaba también en crisis, pues había cofinanciado las guerras de la independencia peruana. La Costa giraba en tomo a Guayaquil y Guayaquil, en torno al cacao. Su riqueza había crecido con el libre comercio. El eje secundario Manabí-Esmeraldas hervia en actividades mercantiles. Ecuador comenzaba su vida soberana con una realidad económica positiva en una región y negativa en las dos restantes. La hacienda se iba constituyendo en el soporte del poder político. En la Sierra centro-norte especialmente, las haciendas se sustentaban sobre el trabajo forzado de los indios, a quienes había que retener por cualquier medio. Las plantaciones cacaoteras de la Costa necesitaban también de esa mano de obra, pero libremente contratada. Los pequeños propietarios de ambas regiones temían ser succionados por esos centros absorbentes. Ecuador comenzaba su vida soberana con un gennen de conflicto social y regional. La población del país en la estimación más optimista llegaba a los 800 mil habitantes, más de la mitad de los cuales vivía en la Sierra nor-central. Menos del uno por ciento de la población asistía ese año a la escuela. Los blancos y la Iglesia eran los principales propietarios de la tierra. Los mestizos carecían de ella: su fortuna se basaba en el jornal que ganaban en los oficios. A los esclavos afroecuatorianos no se les reconocía derecho civil alguno. Los indios, mantenidos por siglos en la ignorancia y el alcohol, eran considerados menores de edad. Los más trabajaban para las haciendas. Tributaban. En 1830, las aduanas guayaquileñas y el tributo de los indios constituyeron la principal fuente de ingresos del Estado. Ecuador comenzaba su vida soberana con un pueblo, en altísimo porcentaje, ignorante, muy pobre, cargado de tributos, disminuido en su identidad y autoaprecio a causa de tres siglos de opresión externa e interna. Ecuador reclamaba para sí los límites de la Real Audiencia de Quito, que englobaba los actuales departamentos colombianos de Nariño, Cauca, Putumayo y parte de Valle del Cauca. Pero Nueva Granada (Colombia) se atenía a una división administrativa interna (1824), que la favorecía. Por el sur, el Tratado de Guayaquil (1829) señalaba el Marañón-Amazonas como límite de la Gran Colombia y, por tanto, del Ecuador. Mas Perú no tenía la intención de respetar la palabra empeñada en ese Tratado. Ecuador comenzaba su vida soberana sin piel y con una doble herida.


LOS SEÑORES DE LA TIERRA




Los dueños de la tierra se denominaban a sí mismos "notables". Habían luchado contra España y habían medrado de esa lucha. Los notables andaban tras el nuevo poder político. Estos señores constituidos en una "Asamblea de Notables" separaron de la Gran Colombia la Sierra nor-central, la denominaron Estado Independiente del Ecuador, y la pusieron bajo el mando provisional de Flores. Era el 13 de mayo de 1830. Una semana más tarde, los notables de Guayaquil y de Cuenca hacían lo mismo con la Costa y con la Sierra sur.


LA PRIMERA CONSTITUCIÓN




Flores convocó a 21 de ellos, a siete por región, respectivamente, a reunirse en Riobamba. En menos de un mes redactaron y promulgaron la primera Constitución, escogieron a Quito como capital y eligieron sin tardanza presidente a Flores por 19 votos contra uno. Pero hicieron 18 escrutinios para elegir vicepresidente a José Joaquín Olmedo. Su contendor fue el quiteño Manuel Matheu, Marqués de Maenza. Desde el nacimiento de la República empezaba la lucha por el poder entre los notables de Quito y Guayaquil. Cada notable cobró dos pesos diarios por sus servicios constituyentes. (Una vaca lechera valía entonces cuatro pesos). La Constitución dejaba la puerta abierta para formar un solo Estado con Colombia. Dibujó un Estado presidencialista, soberano, alternativo, democrático y moderno, pero mantuvo prescripciones que contradecían estos principios; por ejemplo, la elección independiente e indirecta mediante asambleas parroquiales, cantonales y provinciales sonaba a procedimiento democrático. Sin embargo, sólo podían votar los varones alfabetos casados de cualquier edad o solteros de 22 años en adelante que poseyeran bienes raíces de siquiera 300 pesos o una profesión no servil (abogado, médico, sacerdote, monje). Esto excluía a un altísimo porcentaje de los ecuatorianos. Los candidatos a cargos de representación popular necesitaban bienes todavía mayores: 30 mil pesos en bienes raíces, el candidato a presidente. Entre la masa trabajadora excluida de derechos estaban los indios, a quienes la Constitución ponía bajo la tutela de los curas párrocos, y estaban los esclavos africanos, cuya trata se prohibía salvo para el trabajo en las haciendas y minas de los notables.


LA PRIMERA CRISIS NACIONAL




Pese a su habilidad política y a su tolerancia, Flores no pudo gobernar en paz y debió recurrir a la fuerza. Tuvo que sofocar la revolución de Luis Urdaneta (1830-1831) y hacer la guerra a Colombia (1832), castigar a sangre y fuego tres alzamientos de batallones hambreados y combatir a ideólogos utilitaristas (1833), hacer frente a Vicente Rocafuerte (1833-1834) y aplastar la revolución de los Chihuahuas (1832-1834) y, finalmente, evitar que Loja, Cuenca, Esmeraldas y la Sierra nor-central se fueran con Colombia (1834-1835). Urdaneta, el del Nueve de Octubre, fiel a Bolívar, quería impedir la disolución de la Gran Colombia. La muerte de Bolívar (17 de diciembre de 1830) lo dejó sin pretexto. El Cauca y Pasto pidieron anexarse a Ecuador y así se hizo. Colombia lo impidió. Flores fue derrotado y Ecuador perdió esos ricos territorios vinculados a la Audiencia desde el siglo XVI. Este fracaso, los privilegios de los mal vistos militares extranjeros y la afición floreana al dinero volvieron impopular al presidente. Un grupo de intelectuales compuesto por filósofos que defendían "la mayor felicidad posible para el mayor número de personas", por antiguos patriotas del Diez de Agosto de 1809 y del Dos de Agosto de 1810, por librepensadores y anticlericales, formó la "Sociedad de El Quiteño Libre". Desde mayo de 1833 esta sociedad se opuso con pasión al gobierno en el virulento periódico del mismo nombre. Vicente Rocafuerte, el más conspicuo miembro del Congreso, ídolo de los de "El Quiteño Libre", se opuso a las facultades extraordinarias concedidas a Flores. Con pasión desbordada atacaba al presidente. Renunció a su curul. El Congreso lo descalificó. Fue desterrado al Perú. El 12 de octubre comenzó en Guayaquil la guerra de los Chihuahuas dirigida por militares descontentos, políticos, bandoleros y líderes populares urbanos. Una semana después en la capital, los "quiteños libres" atacaban un cuartel. Ese 19 de octubre algunos de sus líderes fueron muertos a lanzazos o degollados. El 20 de octubre, Rocafuerte, camino del destierro al Perú, fue liberado por los chihuahuas y proclamado jefe supremo de Guayaquil por el vecindario de la ciudad. Los chihuahuas bloquearon el puerto ocupado ya por Flores e iban insurreccionando los pueblos de la península de Santa Elena, del golfo de Guayaquil, de la cuenca baja del Guayas, y de Manabí. Rocafuerte se hallaba dividido entre el curso exitoso de esta guerra popular y su lealtad de notable a la clase comercial de Guayaquil, muy afectada por el bloqueo. Rocafuerte, providencial y misteriosamente, fue apresado y entregado a Flores. Era el 18 de junio de 1834. Una semana antes, José Félix Valdivieso, ministro de Flores, se había proclamado jefe supremo de Ibarra. Se le adhirieron Cuenca y Loja, descontentas del centralismo administrativo. Ante estas circunstancias, a comienzos de julio, Flores ofreció a su prisionero Rocafuerte un pacto y éste lo aceptó. Rocafuerte iría a la Presidencia, Flores a la jefatura suprema del Ejército. Los chihuahuas debían someterse so pena de cargos de traición a la patria. Valdivieso ocupó Quito y la Sierra central. Su movimiento combinaba reclamos departamentales, principios liberales románticos, resentimientos personales contra Flores e intenciones de federar la Sierra y Esmeraldas con Colombia. Los chihuahuas no aceptaron el pacto. Algunos de ellos se unieron a Valdivieso, el resto fue reprimido sin cuartel hasta bien entrado el año de 1836. Fue la primera crisis del nuevo Estado ecuatoriano. El pacto entre Flores y Rocafuerte había salvado la unidad del Estado y del país, pero había sacrificado los reclamos populares. Y llegaba septiembre de 1834. Flores terminó su mandato. Rocafuerte, aclamado como jefe supremo del Guayas en una asamblea popular, convocó una segunda Convención (constituyente) para reformar la Carta Política y cerrar la posibilidad de una federación con Colombia. A fin de derrotar al federacionista Valdivieso, Rocafuerte puso al frente de sus tropas convencionales o constituyentes a Flores. Los restauradores (¿de la Gran Colombia?) valdiviesistas fueron derrotados. Fue el gran triunfo de la unidad nacional en Miñarica, cerca de Ambato (18 de enero de 1835). El poeta Olmedo compuso su oda más inspirada para celebrar esta victoria. Dirigiéndose al Chimborazo, lo conminaba: "Rey de los Andes, la ardua frente inclina, que pasa el vencedor". Fue la hora más dulce para Flores, El Vencedor, que volvía a justificar su doble título de Fundador y Padre de la Patria. Con tanto ajetreo, poco tiempo le quedó a Flores para gobernar. Destacaron en este período floreano la incorporación de las islas Galápagos al Ecuador (1832), algunas leyes sobre moneda, acuerdos con la Iglesia Católica y la aceptación de la deuda externa grancolombiana (Deuda Inglesa) contraída por Venezuela, Colombia y Ecuador para financiar la independencia. A Ecuador, que por tanta convulsión no estuvo presente en las negociaciones del reparto de la deuda, le tocó cargar con el 21 y medio por ciento de ella, más de 22 millones de pesos. Los ingresos del gobierno en 1834 apenas llegaban a los 708 mil pesos. "Esa pequeña época fue la más bella página cívica de Flores como hombre de gobierno" (Benigno Malo).


SEGUNDA PRESIDENCIA




Período Presidencial: 1 de febrero de 1839 a 15 de enero de 1843. Vicepresidente: Francisco Javier Aguirre. J. J. Flores


PÁGINA CÍVICA




Flores fue elegido al primer escrutinio por 29 de los 38 votos del Congreso. Su reelección estuvo probablemente convenida desde el pacto con Rocafuerte en 1834. Flores ofreció al Congreso y a la Nación respetar la libertad de las personas y de la prensa, no desterrar a nadie, dar impulso a la política exterior, seguir la obra educativa de Rocafuerte y observar una conducta "franca y moderada, firme, imparcial y justa". Con esta oferta se enancaba en el éxito administrativo y civilizador de Rocafuerte y, a la vez, se apeaba de la mala fama del Rocafuerte implacable y duro. El presidente cumplió con lo ofrecido. Benigno Malo, el más célebre de los estadistas cuencanos, dijo de este segundo período floreano: "Esa pequeña época fue la más bella página cívica de Flores como hombre de gobierno". Esta bella página, sin embargo, quedó inconclusa por la inconstancia de Flores y su desaforado amor al poder. Su imagen se empañó sobre todo en el último año de Gobierno, en el que olvidando sus promesas descuidó la obra pública y permitió el enriquecimiento ilícito de altos funcionarios. Un periódico opositor editado en Piura -"La Linterna Mágica", de Pedro Moncayo- circulaba en Quito. El periodista fray Vicente Solano afirmaba que de 700 mil pesos de la renta nacional se gastaban 400 mil en mantener leal al Ejército y que "papá Flores haría lo que le pareciese" para perpetuarse en el poder. La intervención de Flores con dos mil soldados en la política interna de Nueva Granada contribuyó, a la larga, a este deterioro. Movido por una petición del gobierno colombiano, combatió una insurrección en Pasto. Creía Flores que en lo personal daría una lección al insurrecto general Obando, su antiguo enemigo e inveterado calumniador en lo del asesinato de Sucre. Se figuraba que en lo publico recobraría, en parte al menos, los territorios perdidos en su primera administración e ingresarla a las arcas fiscales 300 mil pesos por compensación colombiana. Nueva Granada le había ofrecido todo esto en un pacto solemne. De esta manera restauraría el brillo de su imagen. Triunfó sobre Obando y fue premiado en Quito con un doctorado de honor, Pero cuando tuvo que intervenir nuevamente en Pasto -y Colombia lo engañó (1843)-, la popularidad de Flores empezó a declinar. Corno lo había insinuado Solano, so pretexto de "irregularidades" ocurridas en Cuenca para la elección de representantes y de que los del Guayas no concurrieron al Congreso Extraordinario a causa de la fiebre amarilla que en octubre de 1842 había cobrado 326 víctimas, Flores convocó una Convención para el 15 de enero de 1843 y expidió una ley de elecciones que venía a ser un golpe de Estado a su favor.


"Nuestro papá Flores hará lo que le parezca, y será bobo si no hace lo que le diere la gana, estando en pleno goce de todos sus arbitrios". (Fray Vicente Solano)


TERCERA PRESIDENCIA




Período Presidencial: 1 de abril de 1843 a 1 de abril de 1851; depuesto del poder el 6 de marzo de 1845. Vicepresidente: Francisco Marcos

LA CARTA DE LA ESCLAVITUD



La Convención se reunió en Quito el 15 de enero de 1843. Treinta de los 36 convencionales rezaron en la catedral. La Asamblea sesionó en el Colegio San Buenaventura. Flores leyó su mensaje. La audiencia le era benévola, pues 32 de los representantes eran a la vez empleados del Estado, y cinco de ellos eran generales y otros cinco coroneles, todos ellos extranjeros menos uno. "Os propongo una reforma saludable, racional, ilustrada y conservadora de los principios liberales que hemos proclamado", les dijo Flores. La reforma consistía, entre otros asuntos, en que el período presidencial durase ocho años y el presidente pudiera ser reelegido pasado un período; en que el Congreso se reuniera cada cuatro años, los senadores duraran 12 y los diputados, ocho años. La propuesta fue aceptada. Flores fue reelegido por 34 de los 36 votos de la sala. La nueva constitución fue calificada apasionadamente de "Carta de la Esclavitud", aunque contenía principios como la libertad de cultos en lo privado y a que cerraba el camino a la politización del clero. Era evidente, con todo, que Flores se creía providencial. Su gobierno en este tercer período fue hacer lo posible por sostenerse en el mando contra una oposición que crecía sin descanso. Esta provenía del clero intolerante y ambicioso; de un nuevo impuesto general de tres pesos y cuatro reales, menos a indios y esclavos, calificado como "funesto, oneroso y terrible", pese a que fue levantado; de haberse resucitado el recuerdo del asesinato de Sucre y con él, el de la leyenda de la participación de Flores en ese crimen; del chasco de la expedición a Nueva Granada; de una fallida negociación limítrofe con el Perú; de la omnipresencia y poder de los militares extranjeros -12 de los 15 generales lo eran-, de abusos de los dineros de un legado para el colegio Vicente León por parte de Flores, sus parientes y amigos; de la conspiración tiranicida de jóvenes intelectuales en Quito, entre ellos Gabriel García Moreno; y del "nacionalismo" de los notables guayaquileños, todo ello atizado por los 14 manifiestos "A la Nación", lanzados por Rocafuerte desde Lima entre 1843 y 1845. El gobernador de Guayaquil, a causa de la fiebre amarilla, había llegado tarde a la Convención. Era representante por Cuenca. Rocafuerte se opuso a gran parte de la reforma propuesta por Flores. Indignado por ella, por la reelección de su aliado - desde 1834- y quizás porque la Convención no lo tuvo en cuenta para el cargo de presidente, tronó contra los convencionales fieles a Flores, a cuyo grupo más íntimo calificó de "jenízaros", esto es, hijos de padres de diversa nación y soldados de infantería de la antigua guardia del emperador de los turcos, y se exilió en Lima. Esos manifiestos llamaban a insurrección en nombre del nacionalismo: "Unión, entusiasmo, valor constancia y pronto el triunfo será vuestro. Derrocando al pérfido tirano de Venezuela, os volverá el goce de vuestros usurpados derechos...", decía en el quinto de ellos. "Y los acontecimientos se precipitaron a la voz atronadora de Rocafuerte", escribe el historiador Luis Robalino Dávila. A las asonadas populares en diversos lugares de la Sierra al grito de "¡Mueran los tres pesos ¡,¡Viva la religión!", sucedió el golpe definitivo: el pronunciamiento militar nacionalista y de los notables de Guayaquil, secundados por el pueblo el 6 de marzo de 1845. Los sublevados formaron un gobierno provisorio al que se adhirieron Manabí y Cuenca. Flores resistió hasta junio con sus tropas acantonadas en la "La Elvira", hacienda de su propiedad, y capituló ante ese gobierno mediante un tratado, llamado "de La Virginia", hacienda del poeta Olmedo, donde se lo firmó el 17 de junio de 1845. Así, con un pacto de caballeros terminaba el primer intento de un proyecto estatal diseñado por Flores y Rocafuerte, quienes de algún modo demostraron "una consciente habilidad conciliadora de los intereses dominantes ", como afirma la socióloga Silvia Vega Ugalde al analizar la crisis del Estado en los primeros 15 años de la República.


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